Anoche fui al recuento. Casi seis horas de revisar, acompañar y contar papeletas.
La Mesa en la que yo estuve era peculiar. Estaba formada por un Presidente intrigante, agradable, pero de mirada perdida. Una de las vocales era brasileña; estaba cansada y tenía tanto acento que me costaba entenderla. Y el otro vocal era un hombre grande, con mala hostia aparente, desempeñando un perfecto rol de machitroll. Leer más
