Categoría: Consultoría de Género

Urbanismo con perspectiva de género

La perspectiva de género en el urbanismo no pretende sobreponer los intereses propios de las mujeres sobre los de los hombres. La perspectiva de género trata de analizar el medio urbano teniendo en cuenta la dimensión de género en los principios y fines que guian los modelos de ciudad que estamos implementando. Desde ahí, plantea alternativas posibles a la planificación y reconstrucción urbana.

Actualmente estoy inmersa en la elaboración de una Guía sobre Evaluación del Impacto de Género de las políticas urbanísticas municipales solicitada por la DG de la Mujer de la Comunidad de Madrid y coordinada por Innicia, una consultora de innovación social. Ponerme a trabajar sobre género y urbanismo está resultando muy estimulante y me está permitiendo acercarme al espacio urbano con una mirada que antes solamente intuía.

Vaticino que mis siguientes entradas van a centrarse en este tema. Voy a empezar con unas ideas básicas:

 

PRIMERA IDEA: La perspectiva de género en el urbanismo apunta hacia un modelo que mejora las condiciones de vida de todas las personas.

«[La perspectiva de género en el urbanismo pretende] Tomar en consideración y valorar el papel de las personas, sus vidas cotidianas, las tareas de cuidados y los fundamentos que el modelo hegemónico de ciudad ha ido olvidando» (Isabel Jiménez, arquitecta y profesora de la Universidad de Sevilla, para El Salto Diario).

 

Esta primera idea es fundamental para mí. Tal y como siempre he entendido el feminismo, la perspectiva de género no quiere sobreponer los intereses y derechos de unas sobre otros sino equilibrar la balanza y democratizar los procesos de definicion de necesidades y de toma de decisiones. Esto implica – en el urbanismo y también a gran escala:

  • Eliminar los privilegios (de género, entre otros) en el uso y diseño de los espacios urbanos,
  • Asumir que las personas somos diversas, desempeñamos diferentes roles y, por tanto, corporizamos distintas necesidades cotidianas que tienen que ser atendidas en el diseño urbano,
  • Plantear modos de vida alternativos que benefician al conjunto de la población y que mejoran el día a día de las personas, en su uso y disfrute de los espacios urbanos.

 

SEGUNDA IDEA: el urbanismo feminista apunta a un modelo de ciudad que priorice la sostenibilidad de la vida.

“En el diseño urbano se pone el énfasis en lo productivo, cuando la ciudad y los elementos urbanos deben ser el soporte para la realización de la vida» (Blanca Valdivia, integrante del Col·lectiu Punt 6)

 

Los espacios urbanos se han venido construyendo desde la priorización de una única esfera de la vida, la productiva. Al tiempo se han omitido en la ordenación urbana el conjunto de actividades cotidianas que tienen que ver con la sostenibilidad de la vida en su más amplia perspectiva (cuidado de otras personas, atención a las  responsabilidades familiares y del hogar, actividades de autocuidado y esparcimiento, participación social).

Aunque no lo hayas pensado nunca, lo cierto es que el espacio físico urbano (la manera en que se distribuye, los equipamientos que lo componen, el tipo de desplazamientos que prioriza o penaliza, etc.) tiene un impacto social enorme. Y no sólo eso: también responde a un determinado modo de entender la vida.

En otras palabras, la planeación urbanística del siglo XX ha priorizado un modelo de ciudad centrado en la satisfacción de necesidades derivadas del rol productivo (el empleo). Al mismo tiempo, ha desestimado las necesidades de los grupos de población asociados al rol reproductivo (los cuidados no remunerados y las tareas de sostenibilidad de la vida).

 

TERCERA IDEA: hacer urbanismo con perspectiva de género es un acto de reapropiación.

«Con que los funcionarios bien intencionados de los distintos Departamentos del Gobierno de la ciudad o de agencias indepdendientes se preocupasen o conociesen íntimamente las calles o distritos que afectan tan vitalmente con sus proyectos, o si al menos supieran lo que los ciudadanos de dichos lugares consideran valioso para sus vidas y por qué..» (Jane Jacobs, Muerte y vida de las grandes ciudades, 2011, Capitán Swing, pag. 444).

 

Incorporar el género en la planeación urbanística implica contar con las mujeres y con quienes integran los grupos de población excluidos. Esto significa que sean incluidas como definidoras de sus necesidades cotidianas en los usos del espacio urbano, en la movilidad, la percepción de seguridad, el ocio y el disfrute, y también como catalizadoras del proceso de mejora y cambio de la reconstrucción urbana (Carta Europea de las Mujeres en la Ciudad).

Ya nos lo advertía Jane Jacobs en 1961: la planeación urbanística genera conflictos evitables si se contara con la participación de las personas que las habitan. La promoción de una nueva manera de concebir los espacios urbanos entronca hoy con diferentes perspectivas (feminista, ecologista, el de la vida independiente, el anti-adultocentrismo…). Estas perspectivas se complementan y apuntan desde sus demandas de inclusividad a una misma dirección: el empoderamiento ciudadano en la definición de las necesidades y en la toma de decisiones.

 

¡Mujeres, a la calle!

Y nunca mejor dicho.

 

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