Categoría: Formación

Necesito un esquema de género, ya

Uno de los mayores retos que tienen la Administración Pública y las organizaciones sociales que implementan políticas y actuaciones que persiguen el ‘bien social’, es el de delimitar las formas en que se manifiesta la desigualdad entre mujeres y hombres para poder planificar proyectos que no la reproduzcan. Con afán de concretar y, más aún, esquematizar, el complejo mapa de la desigualdad de género vengo trabajando en un esquema conceptual que pueda ser útil como herramienta de formación básica en igualdad.

Aquí resumo sus cuatro ejes básicos.

Siempre en concordancia con el ámbito profesional del alumnado y con sus conocimientos y experiencia en género, abordo en mis sesiones el siguiente esquema conceptual apoyado en cada caso de ejemplos y ejercicios prácticos según cada ámbito de intervención.Se plantea como un esquema circular que intenta seguir una forma inductiva de pensamiento y aprovechar todo el conocimiento generado por las teóricas del género.

 

1. La división sexual del trabajo

¿Negociaciones individuales o relaciones estructurales de género?

Con esta dimensión de desigualdad hacemos una labor de identificación de los diferentes tipos de trabajo que se vinculan a la feminidad y a la masculinidad con el propósito de entenderlos como portadores de relaciones sociales diferentes, y las consecuencias que eso tiene para la vida de las personas.

El objetivo de trabajar esta dimensión es el de abordar el entendimiento del trabajo reproductivo como una actividad (no-trabajo) naturalizada en las mujeres y, por consiguiente, ocultada en el ámbito privado y desprovista de valor monetario u otro tipo de contraprestaciones. Una pieza clave del engranaje de la desigualdad.

Según sean las características del alumnado, indago con mayor o menor profundidad en los efectos sociales de la relación dicotómica de los roles productivo / reproductivo originada en el proceso de «acumulación primitiva» del capitalismo (Federici, 2004).

 

2. El acceso, uso y control de los recursos

Modos de vida ¿escogidos o dados?

La segunda dimensión conceptual gira en torno a una idea de recurso como elementos, medios o bienes necesarios para el desempeño de las actividades humanas y el desarrollo y sostenibilidad de la vida.

El fin de tratar de acotar esta dimensión es el de comprender cómo el uso y control de los recursos disponibles genera beneficios para las personas, colectivos y comunidades, y cómo la desigualdad en su acceso, uso y control es determinante del lugar que ocupamos en la sociedad.

Dos conceptos son clave en el trabajo práctico que hacemos en este punto: condición y posición. Generalmente, me oriento en este punto por los trabajos y experiencias de organizaciones y colectivos que trabajan en el ámbito del desarrollo desde una perspectiva feminista, ecofeminista o de decrecimiento.

 

3. El control sobre el cuerpo

Autonomía del cuerpo, ¿objetivo político o místico?

Esta dimensión es crucial a la hora de comprender la reproducción y materialización del sistema de dominación masculina. Tiene, además, un punto muy interesante en tanto que vincula corrientes feministas de diferente corte y nos obliga a repensar la propuesta de la experiencia encarnada y de la corporalidad como terreno para la violencia simbólica o como semilla para el empoderamiento individual y colectivo.

Dos son los ejes de trabajo sobre los que se plantea esta dimensión: la cosificación -unida a las nociones de hipersexualización y ‘territorialización’ del cuerpo (Rita Segato, 2015)- y la sanción como ejercicio de poder represor.

 

4. La construcción de la subjetividad

¿Y yo por qué soy así?

Finalmente, el esquema conceptual sobre las dimensiones de la desigualdad que utilizo en mi metodología finaliza abordando los procesos de construcción diferencial de la subjetividad en torno a la identidad de género.

Los ejes que constituyen el trabajo práctico en esta última dimensión son el proceso ‘normalizado’ de asimilación de la identidad de género, la estimulación diferencial que favorece o reprime comportamientos asociados a un género no asignado y la relevancia insustituible de la experiencia vital y la autodeterminación.

 

Estos cuatro niveles constituyen, pues, el esquema básico conceptual sobre cómo opera el sistema de género y que utilizo en los procesos de formación que diseño o implemento. Están en permanente alimentación, y seguramente en unos años todo sea distinto. Las teorías del género están vivas, y yo también.

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