Categoría: Marco analítico

Micromachismos: utilidad o elitismo

El concepto de micromachismo se utiliza mucho útimamente pero no está exento de polémica: numerosas voces lo critican por considerarlo simplemente un eufemismo o incluso una expresión conceptual clasista. ¿Comportamientos machistas de ‘baja intensidad’? ¿Gestos cotidianos de desigualdad apenas perceptible? Pasen, lean y opinen.

 

Señalan a autora y el autor de La clase obrera no va al paraíso: crónica de una desaparición forzada que en el concepto de micromachismos subyace cierto elitismo de clase y cultural. Argumentan que este concepto no aporta nada nuevo a las teorías feministas sino que, más bien, tiene una intencionalidad clasista que remarca la brecha entre quienes poseen el privilegio del conocimiento y quienes no:

(…) es una forma de distinción, de separación de ese otro nosotros social (vulgar, poco erudito y cultivado) que llama a las cosas por su nombre llano, en este caso machismo a secas. Es la pasión por reinventar, reformular, por demostrarle al mundo que nos somos como ellos (…).

 

La crítica que hacen estas autoras me parece interesante. No tanto por lo que dice del término en sí mismo sino por lo que alumbran sobre la creación de conocimiento teórico, que sí puede ser otra manera de expresión de la desigualdad social. Es decir, no es que produzca conocimiento quien puede hacerlo sino a quien se le reconoce la autoridad de haberlo hecho. Y este reconocimiento sí está marcado por los ejes de clase y de género.

 

Pero más allá de esta observación, el término micromachismo sí me resulta útil para referir determinadas situaciones o comportamientos masculinos propios del sistema de sexo/género. Los actualísimos ejemplos del mansplaining, el manspreading o los piropos callejeros son una muestra de ello. Ahora bien, me parece importante que el concepto se utilice de forma complementaria, no sustitutoria. Es decir, no podemos explicar la estructura de desigualdad entre mujeres y hombres solamente por medio de la noción de “micromachismo”.

Por otro lado, y no menos importante, opino que este término sólo debería utilizarse para nombrar actuaciones. No creo que jamás deba utilizarse para hablar de personas.

A la luz de la propuesta originaria del término elaborada por Luis Bonino (2004) defenderé su uso en torno a dos ideas: la adaptación al abanico actual de comportamientos machistas y la complementariedad de conceptos como riqueza analítica.

 

 Adaptación

Los tiempos cambian. Sigue existiendo una forma cruda y contundente en la que el patriarcado se muestra (con los feminicidios como máxima expresión) pero también existen formas de “baja intensidad”. Subraya Bonino:

Actualmente la mayoría de los varones ya no ejercen un machismo puro y duro, ni siquiera son especialmente dominantes con las mujeres (…)

 

Es a partir de la necesidad de nombrar estas expresiones de poder simbólico, sutiles, que surge la noción de “micromachismos”. Por tanto, éste es un concepto que, si ciertamente no vale para definir todas las expresiones machistas o las relaciones de dominación y desigualdad por sexo/género, sí ayuda a nombrar algunos comportamientos concretos.

Por ejemplo, en todas las reuniones familiares tenemos este abuelo o padre o hermano (querido, majo, buena gente) sentado a la mesa y esperando a ser servido, sin presuponer si quiera que de él también se espera colaboración y acción en los debidos menesteres. En todos los espacios de participación tenemos estos señores (comprometidos, inteligentísimos, graciosos o cargados de experiencia) que acaparan el tiempo para la palabra porque tienen siempre algo interesantísimo que aportar y se merecen la máxima escucha y alabanzas del grupo. En todas las calles y bares tenemos estos tipos (amables, caballerosos, tremendamente educados) que presuponen que una mujer busca sobre todo ser complacida por ellos y que ellos se merecen su complacencia más que otra cosa en el mundo.

Quizá llamarles machistas no responda con exactitud a la complejidad de su ser. O será que simplemente no queremos llamarlos así porque son también otras muchas cosas. Pero desde luego que tienen comportamientos que reproducen el aprendizaje del privilegio masculino.

 

Complementariedad

Insiste Bonino en que las grandes violencias y dominaciones masculinas se están deslegitimando socialmente cada vez más. Creo que podemos estar, en general, bastante de acuerdo con esta afirmación. Precisamente porque hoy el sistema de desigualdad por sexo/género se expresa también por medio de maneras sutiles, casi invisibles, es de utilidad tener a nuestra disposición conceptos que nos permitan aprehender la complejidad de la estructura de dominación.

Reconocer y hacer uso de los conceptos que tenemos a nuestro alcance no es una pérdida de tiempo (alusión a una expresión utilizada por Romero Laullón y recogida por Europa Press) porque, en el tránsito de aprender, de captar y expresar el funcionamiento de las relaciones sociales las personas inventamos términos que nos ayudan a mostrar mejor nuestro punto de vista. Y desarrollar nuevos conceptos es un acto profundamente creativo.

Desde mi punto de vista, complementarizar el término “micromachismo” con machismo a secas dota de riqueza conceptual al análisis feminista de las relaciones de sexo/género.

No se trata de sustituir unos términos por otros sino de emplear en cada caso y en cada contexto aquellos que nos sirvan mejor a nuestro propósito comunicativo. Porque las palabras no son más que eso: herramientas para expresarnos. Su sentido radica en su utilidad.

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *