Categoría: Consultoría de Género

Factores de fracaso en la coordinación de proyectos de consultoría de género

La coordinación de un proyecto de consultoría de género está sometida a algunos factores negativos e imprevisibles. En este post señalo algunos de ellos.

Haz todo lo posible por evitarlos.

 

Cuando coordinamos un proyecto de consultoría de género, no podemos controlarlo todo. Hay factores que aparecen y amenazan el éxito de nuestro proyecto, nuestra estabilidad y el bienestar y resultados del equipo.

Uno de los principales aprendizajes que tenemos que asumir si coordinamos proyectos de consultoría de género es a mantener la calma cuando alguna de las cosas previstas en la planificación no salen como estaba planificado. Solo desde esa calma podremos idear maneras alternativas de seguir adelante, como en la vida misma.

Estos son algunos de los factores que pueden hacerte perder los nervios:

 

1. Indefinición de los intereses de la clientela

Las entidades con las que trabajamos no siempre saben lo que quieren. Y este es uno de los factores de fracaso de primera categoría.

A veces, la clientela elabora bases, pliegos o Términos de Referencia (TdR) complejos y exhaustivos, pero que pueden estar llenos de inconsistencias o cargados de objetivos inasumibles. Generalmente, esto pasa cuando saben de lo que hablan en el plano teórico pero no en el práctico.

Otras veces, las entidades sencillamente no tienen ni idea de lo que quieren.

En los dos casos, nuestra misión como coordinadoras de proyectos de consultoría de género es indagar en los intereses genuinos de la clientela, ayudarles a definir sus expectativas y establecer objetivos claros para el proyecto.

Cuanto más clarito quede esto, mejor para todo el mundo.

 

 

2. Comunicación retardada

En muchos proyectos, la clientela no va al ritmo que marca el plan de trabajo. Esto suele manifestarse en el retraso en la contestación de correos, en el envío de documentación o incluso en la omisión de respuestas. Este puede ser otro de los factores de fracaso.

Ante estas situaciones, lo mejor es coger el teléfono y llamar a nuestra persona de contacto, aunque puede que incluso no pueda atendernos en ese momento y la llamada también se quede sin devolver durante más tiempo del deseado.

Las causas de que esto suceda son variadas: desde la simple incompetencia hasta el exceso de carga de trabajo de la persona que lidera el proyecto en la entidad cliente. También puede ser que la persona con la que nos comunicamos no cuente con un margen de decisión suficiente y la respuesta a nuestras consultas dependa a su vez de terceras personas, con lo que las decisiones no se pueden tomar de forma inmediata.

Nuestro reto como coordinadoras de proyectos de consultoría de género es persistir sin atosigar, adaptar el cronograma al ritmo de la entidad y asumir que, aunque no queramos, el plazo se prolongará.

Mi recomendación es que todos los cambios en los plazos queden siempre por escrito, argumentando las causas con tono firme pero conciliador. Que nuestras interlocutoras no sientan que les estamos ‘echando la bronca’, pero que sean conscientes de las consecuencias de los retrasos.

 

 

3. Incumplimiento del cronograma

Una de las funciones de la coordinadora de proyectos de consultoría de género es establecer el cronograma para el conjunto de actuaciones a implementar, en función de los plazos aprobados por la clientela en la propuesta técnica inicial. Su incumplimiento es otro de los factores de fracaso.

La causa del incumplimiento de plazos puede originarse en el interior del equipo de trabajo o en el exterior, bien desde la clientela o bien por razones contextuales que se escapan a nuestro control, como la reciente crisis sanitaria de la Covid-19.

Las causas internas del incumplimiento de plazos pueden estar motivadas por razones dramáticas personales (accidentes, enfermedades, crisis…) o por negligencia en la planificación individual. Frente a las primeras, la coordinadora del proyecto deberá reajustar las tareas y valorar la posibilidad de cubrir el puesto afectado; frente a las segundas, un correcto seguimiento interno y mucha escucha hacia el grupo es el mejor antídoto.

Las causas externas son imprevisibles, desde luego lo son las contextuales. No sabemos de antemano cómo va a responder la clientela ante los requerimientos de información, la ejecución de actuaciones compartidas o la comunicación con nosotras. A veces, lo podemos intuir al poco de empezar el proyecto, pero es casi imposible saberlo al inicio, cuando elaboramos el Plan de Trabajo.

Como coordinadoras de proyectos de consultoría de género, la manera que tenemos de evitar el incumplimiento del cronograma es realizar un seguimiento constante al equipo de trabajo, grupal e individualizado, y hacer todo lo posible por mantener la máxima fluidez en la comunicación con la entidad. 

 

4. Falta de transparencia

En estrecha relación con lo anterior, en ocasiones ocurre que la clientela no facilita toda la información requerida, pero no por despiste sino de manera premeditada.

Aunque la necesidad de determinada información esté justifica legal y formalmente, e incluso a pesar de que la propia entidad aprobara la propuesta técnica del proyecto, a veces nos encontramos con un muro infranqueable. Por mucho que insistamos y argumentemos la necesidad de recabar tal o cual información, la entidad se cierra en banda.

También puede ocurrir que nos enfrentamos a cribados en los contenidos de nuestros entregables. La razón suele ser siempre la misma: la verdad ofende. Mi recomendación para ese momento es que pares, te escuches y decidas hasta dónde quieres pelear.

Lo único que podemos hacer como coordinadoras de proyectos de consultoría de género es tranquilizar a nuestro equipo e idear con la mayor pericia posible otras fórmulas que traten de minimizar los efectos de esas lagunas informativas.

 

5. Opacidad de género

Además de la falta de transparencia, algunas entidades, o nuestros contactos en ellas, carecen de una sensibilidad específica hacia cuestiones de género e igualdad. Quizá haya alguien que posee formación o interés en la materia, y que confía plenamente en nuestro criterio experto, pero no siempre es así. Cuando esto sucede, tómatelo como un regalo porque, cuando no suceda, vas a echarlo mucho de menos.

Nuestro compromiso feminista es honesto y nuestras conclusiones están justificadas teóricamente, ese es nuestro valor añadido, pero no siempre tiene un encaje perfecto con los intereses de la entidad.

 

6. Incompatibilidades internas

No siempre nos llevamos bien. Es una verdad como un templo.

Como coordinadora de proyectos tenemos que lidiar con la clientela, pero también con la pluralidad de opiniones y modos de hacer de las personas que conforman el equipo. O existe crispación entre personas del equipo, o la crispación va con nosotras. Todo puede suceder.

En estos casos, los consejos de siempre son la mejor receta: comunicación asertiva y clarificación de espacios y tareas. Nuestra labor como coordinadoras es estar abiertas a percibir estas incompatibilidades y abordarlas antes de que se agranden o se enquisten, dinamitando todo el esfuerzo colectivo por hacer las cosas bien.

 

 

Cada uno de estos factores puede suceder de manera aislada o en conjunción con otros. Si quieres hacerlo bien como coordinadora de proyectos de consultoría de género deberás mantener una atención plena desde el inicio, no dejar nada sin resolver y mantener al tiempo una actitud calmada, proactiva y voluntarista, no reactiva.

Cuanto mejor sepamos coordinar nuestros proyectos de consultoría de género, más fortaleza generaremos en nuestro sector, crearemos más valor y mantendremos a raya el intrusismo de las grandes estructuras no especializadas en género e igualdad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *