Categoría: Consultoría de Género

El enfoque de género de las Consultoras de Género

La noción de ‘género’ es la pieza angular de las teorías de igualdad entre mujeres y hombres. Su utilidad es demostrar que la feminidad y la masculinidad no son designios inamovibles de la naturaleza sino construcciones sociales que responden a las circunstancias de cada contexto.

La idea de que el ‘género’ está construida en contraposición del ‘sexo’ sostiene por tanto el enfoque de las consultoras de género. Pero ¿y si nos equivocamos?

En el año 1995 la IV Conferencia Mundial sobre las mujeres celebrada en Beijing marcaba un hito en las actuaciones sociales y políticas en favor de la igualdad entre mujeres y hombres al introducir en el corpus teórico y práctico del feminismo la aclamada estrategia de la transversalidad de género. Esto supuso  un punto de inflexión en el recorrido de las políticas de igualdad: por vez primera, se llamaba a la implicación y al compromiso del conjunto de agentes en cada una de las fases del ciclo de las políticas públicas.

 

Enfoque beauvoriano

La estrategia del gender mainstreaming se asienta en la idea de que el sexo de una persona lo determina la naturaleza mientras que su género -el factor causante de la desigualdad entre mujeres y hombres- lo elabora la sociedad. Este enfoque bebe sin duda de los postulados enunciados medio siglo antes por la filósofa Simone de Beauvoir:

(…) Por lo tanto, no todo ser humano hembra es necesariamente una mujer; necesita participar de esta realidad misteriosa y amenazada que es la feminidad. ¿Se trata de algo que segregan los ovarios? ¿Está colgada del cielo de Platón? ¿Bastarán unas enaguas susurrantes para que baje a la tierra? (El segundo sexo, 2000: 48, Ediciones Cátedra)

 

Así, la conocida frase de que no se nace mujer sino que se llega a serlo se asume como definitivo en las corrientes y tendencias feministas que marcan el ritmo de las políticas públicas de igualdad.

Por consiguiente, la oposición sexo-género se normaliza y asume: mientras que el sexo es inmutable y actúa como un lienzo neutro sobre el que se proyecta la interpretación de la identidad y la desigualdad, el género es construido a partir de él y fundamenta las relaciones estructurales de poder.

 

También el sexo es construido

Pasan los años y aparece después otro enfoque que nos alerta: el sexo también es construido.

En El género en disputa (2001) Judith Butler nos viene a decir que, si bien el género se construye, también lo es el sexo porque: ¿no interpretamos acaso el cuerpo según su morfología? ¿No asociamos el género al cuerpo precisamente en función de cómo sea el cuerpo, y hacemos de esta relación un vínculo inamovible?¿No llega el cuerpo a insertarse y encajar en una idea de género preconcebida?

Y, frente a estas preguntas, nosotras, las consultoras de género, sin saber a dónde mirar.

¿Es también el sexo un artificio cultural?

¿No hay, entonces, nada que condicione a las personas como mujeres y como hombres ad eternum?

¿Todo lo que hemos entendido por feminidad y masculinidad puede ser siempre y de cualquier modo transformado, subvertido, reinventado?

¿Qué hay debajo del género en los cuerpos sexuados? ¿Y qué hay debajo del sexo? (¿Sería, acaso, posible saberlo alguna vez?)

 

Es necesario que las consultoras de género seamos capaces de reflexionar con pausa y apertura ante estas preguntas. Es de rigor profesional que no nos quedemos estancadas en postulados conceptuales permanentes y que nos abramos con actitud crítica a otras ideas y propuestas teóricas.

 

Género y consultoría

Empleamos ‘género’ como herramienta teórica para analizar cómo se definen y representan las diferencias y desigualdades entre mujeres y hombres. Solo a través del género -incluso como categoría binaria- podemos desmontar el funcionamiento del patriarcado.

Las consultoras de género partimos de la base de que a través del género opera la desigualdad entre los cuerpos sexuados mientras se fortalece la dominación masculina. Y asumimos que esto no es un dictamen natural sino que forma parte del orden imaginario, de nuestras ideas compartidas. De la injusticia normalizada.

Ante esta evidencia, las consultoras de género tenemos la responsabilidad de favorecer el pensamiento crítico, el mismo fundamento intelectual que nos llevó a las feministas a cuestionar la primacía masculina y la normalización del androcentrismo en todos los saberes humanos. Por eso es necesario que asumamos también que el género puede seguir siendo una categoría en construcción.

Nuestra misión, en definitiva, es práctica. Y nuestra práctica se nutre de teorías.

Yo, actualmente, he asumido que el abismo que me enseñaron entre género y sexo no sea quizá tal. Sostengo la posibilidad de la incógnita, me enfrento a la hipótesis de que, tal vez, ‘naturaleza’ y ‘cultura’ no sean dos entidades estáticas y enfrentadas, sino entrelazadas y fluidas.

 

 

 

 

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