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Educar desde la igualdad de género

A medida que mi hijo crecía me di cuenta de lo fascinante que es atender al comportamiento infantil y a los procesos de aprendizaje de género. Cuando nació mi hija comencé a detenerme en identificar las diferencias entre ella y él. Educar desde la igualdad siempre ha sido algo estimulante.

A lo largo de estos nueve años de maternidad he aprendido infinidad de cosas en relación con la crianza, el poder de la educación, los peligros de la domesticación y la dificultad de transmitir valores de forma coherente. He vivido en mi propia carne la inmensidad de las posibilidades y la fiereza de los impedimentos.

Educar con perspectiva de género forma parte de este complejo proceso de construir-se que es finalmente la experiencia de vida. Querer educar a nuestras hijas e hijos desde la igualdad de género supone un pulso permanente entre el reto de descubrir y el desafío de reinventar.

 

Educar descubriendo

Descubro diferencias entre mi hija y mi hijo, sin duda. En algunas ocasiones, incluso, me he descubierto a mí misma siendo diferente en mi relación con ell@s. Me he preguntado si soy yo, o si son ell@s. He llegado a dudar de mi integridad feminista. Finalmente he resuelto que nunca puede haber una relación igual que otra. Claro que mi hija y mi hijo son diferentes, claro que les interesan cosas distintas. Tienen reacciones dispares ante acontecimientos similares y yo no soy siempre exactamente la misma con ella y con él.

El género les hace, pero no sólo: les hace también su experiencia de vida al completo, los otros factores de identidad, su ser distinto. También el género me hace a mí, hace mi relación con ella y mi relación con él.

Una vez llegada a este punto, pienso que simplemente se trata de plantearnos cosas que nos ayuden a desenredar la maraña sexista y a tratar de fijar una influencia educativa lo más libre posible de expectativas de género:

¿De qué manera puedo ir identificando el sesgo de género que se me cuela por las rendijas?

¿Hasta dónde puedo intervenir yo, como madre, para que sientan su identidad de género desde algún lugar lo más genuino posible?

¿Cómo puedo contrarrestar, como educadora, las expectativas de género que el entorno deposita en ella y en él con demasiada presión?

 

Educar reinventando

Pensar el género como un constructo flexible y susceptible de ser modificado nos otorga un gran poder de creación y un amplísimo margen de libertad como madres y padres.

Yo suelo plantearme la reinvención del género en dos claves.

En primer lugar, trato de recordarme que aunque la familia sea el primer agente socializador no es el único. Y menos mal. Las personas vamos conformando nuestro ser en función de las oportunidades que nos da la vida, debido a las personas con las que nos mezclamos  y gracias a las herramientas psicológicas, emocionales e intelectuales que nos son facilitadas y que hacemos nuestras.

El entorno y las personas con las que convivimos nos estimulan, condicionan, enseñan, frenan y nos permiten evolucionar.  Es decir, que por mucho que yo haga –que tú hagas- por educar con perspectiva de género y en igualdad, nuestras hijas e hijos están en permanente conexión con otros agentes socializadores. Aprenden de otras personas. Aprenden por sí mismas en otros ambientes y contextos. Todo lo que hagamos como madres o padres puede ser reforzado e instaurado en nuestras hijas e hijos, o puede que no.

La segunda clave fundamental para mí a la hora de reinventar el género es repetirme hasta el fin que la identidad de género se siente, no sólo se aprende. Hay una conjunción permanente entre la subjetividad y la estructura que nos va construyendo como personas. En otras palabras, nuestras hijas e hijos reciben el reforzamiento y la sanción en función de las expectativas de género, pero también reconstruyen su propia identidad en función de lo que les hace bien y les funciona.

 

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Así pues, permitámosles investigar el género, desafiarlo, vivirlo como algo propio que pueden abrazar o reconstruir. Huyamos de nociones deterministas que les dicen que por tener una vulva o un pene, o un cuerpo sexualmente diverso, su camino es este o aquél. Animémosles a explorar, a romper la norma, a crear la norma. Quizá tengamos hijes de lo más convencional. Quizá sean lo más transgresor de su barrio. Pero que, sean lo que fuere, puedan criarse con la conciencia de que el género es todo lo que somos capaces de inventar.

 

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