La embarazada soy yo, perdona

No sé si alguna vez habréis escuchado decir aquello de “estamos embarazados”. Yo sí. Se lo he escuchado a mujeres y a hombres.

Estas mujeres, al quedarse embarazadas y durante el proceso de gestación, incorporan un raro giro en el lenguaje para incluir en su embarazo a su pareja varón heterosexual. Así, en vez de anunciar con alegría estoy embarazada” dicen, con la misma alegría, eso sí: estamos embarazados”.

Estos hombres, para dotarse ellos de protagonismo en el maravilloso acontecimiento parejil, porque están muy contentos y porque ellos lo valen y por supuesto porque vivirán muy de cerca el proceso biológico de sus queridas, van y dicen: “estamos embarazados”.

Ay, ay, ay.

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Nosotras decidimos. Carta a mi hija…

Querida,

Hoy mismo salgo de cuentas. Vas  a nacer cualquier día de estos y estoy nerviosa y feliz por este hecho. Te aguarda una familia que te ha buscado; te aguardo yo, que he querido gestarte y he deseado cada día que nacieras.

He de decirte que, ya verás, el mundo al que vienes es complejo. Claro y hermoso muchas veces, turbio y reseco otras tantas. Ahora está pasando algo, algo que precisamente enturbia esta primavera.

Está pasando que algunos sectores de nuestro país atacan con furia un derecho que es nuestro, de las mujeres, y que hemos conquistado. Hace 3 años, se aprobaba en España la ley 2/2010 de salud sexual y reproductiva e interrupción voluntaria del embarazo. Muchas mujeres vimos cómo se ampliaba y reconocía un derecho nuestro. Más nuestro que de nadie. Hoy, el actual ministro de Justicia, alentado por los sectores más conservadores y retrógrados de nuestro país, quiere dar marcha atrás.

Foto de Fernando Sánchez. Fuente: FB

Muchas mujeres, acompañadas de muchos compañeros, estamos saliendo a la calle. No queremos ir marcha atrás. No queremos renunciar a un derecho ganado. Yo quiero poder decidir cuándo quiero ser madre, como ahora. Quiero que tú puedas decidir en un futuro si quieres o no ser madre y cuándo serlo. Sé que vas a saber decidirlo bien y, si te equivocaras, me gustaría pensar que no vas a estar sola. Quiero que tengas más derechos que los míos, más sólidos, más amplios. Quiero que tu sociedad sea mejor que la mía. E ir marcha atrás no es la forma de lograrlo.

Cuando seas mayor descubrirás que en todo el mundo las mujeres recurrimos al aborto. Interrumpimos nuestros embarazos por razones similares donde quiera que estemos. Yo también lo hice. No es un impedimento que el aborto sea ilegal porque las mujeres seguiremos recurriendo a este procedimiento cuando valoremos que nuestras condiciones no son las mejores para gestar un hijo o una hija, o cuando decidamos que no deseamos hacerlo. El aborto inseguro es una de las principales causas de muerte femenina en todo el mundo. Penalizar el aborto no impide que éste se siga practicando, sino que lleva a las mujeres a practicarlo en la clandestinidad.

No hay una relación determinante entre el estatus legal del aborto y la frecuencia con que este se lleva a cabo en un país. Las tasas más altas de aborto en el mundo se encuentran precisamente allí donde está más fuertemente restringido (América Latina y África). Las tasas de aborto más bajas del mundo se encuentran en Europa occidental, esta zona del mundo de la que nuestro país forma parte.

El derecho a interrumpir el embarazo es una cuestión de salud pública pero, también, sin duda, quizá antes que nada, es una cuestión de los derechos humanos de las mujeres. Uno de los derechos fundamentales de toda mujer es el poder decidir si ser madre o no y cuándo serlo. Precisamente porque amamos la vida, queremos poder decidir. Precisamente porque queremos amar bien y dar lo mejor a l@s hij@s que quizá tendríamos, queremos decidir. Tal y como está el panorama hoy, vergonzosamente contrario a los derechos de las mujeres, sólo me queda pensar que es el odio y el fanatismo lo que mueve a quienes tanto atacan el derecho a decidir. No es su defensa de la vida, es su defensa de una idea profundamente agresiva contra las mujeres, profundamente patriarcal. El aborto no se reduce haciendo leyes más restrictivas sino por medio de la educación sexual y la garantía de métodos anticonceptivos accesibles y seguros. Precisamente cuestiones éstas que los sectores mencionados no se cortan en acallar.

Querida niña mía, yo quiero lo mejor para ti y sé que lo mejor para ti es que, entre otras cosas, seas tratada con dignidad y con respeto, lo que sin duda significa que se te permita tener acceso seguro a ciertos servicios, que la sociedad no te dé la espalda cuando la necesites y que se te permita decidir quién quieres ser y cómo serlo.

Yo decidoRecuerda, hija, que el hecho de ser mujer no significa que tengas que ser madre. Recuerda que solamente tú sabrás si quieres o no serlo y cuándo. Recuerda que en este mundo, hermoso y claro, turbio y reseco, nuestros derechos deben ser definidos, logrados y defendidos. Recuerda que tú decides. Que tu cuerpo es tuyo. Que tienes capacidad para pensar por ti misma y que debes serte fiel y defenderte. Recuerda que eso es la integridad y que nadie, por muy ministro, obispo, juez o padre que sea puede decirte qué es lo mejor para ti.

Recuerda que uno de los mejores indicadores de tu libertad como mujer es el que habla de las posibilidades que tienes para decidir.

Te quiero pequeña, bienvenida al mundo y al #escrachefeminista.

Enlaces relacionados

El aborto en el mundo, Guttmacher Institute, Advancing sexual and reproductive health worlwide through research, policy analysis and public education, un buen video sobre el derecho a interrumpir el embarazo abordado sobre todo desde una marco de Salud Pública.

Eurostat, los únicos datos sobre el aborto que nos reporta la Oficina Europea de Estadísticas. 

El aborto en Europa y en España 2010, Instituto de política familiar, algunos datos interesantes abordados desde un punto de vista antiabortista.

NOTAS

He buscado como loca datos fiables sobre legislación en torno a la interrupción del embarazo. Curioso que el documento más exhaustivo en datos sea precisamente de una organización antiabortista. Las fuentes oficiales me han dejado poca cosa. Ningún dato aporto en este post, ningún indicador, pero la urgencia de los hechos me obliga a escribir una entrada de estas características. Nada contradictorio ni ácido que precisamente se la dedique a mi hija… que todavía está dentro.

Su nacimiento me dejará poco tiempo para el blog… pero estaré detrás de la pantalla, haciendo quién sabe cuántos cientos de cosas maternales y pensando en nuevos post sobre indicadores, ¡hasta muy pronto!

#STOP GALLARDÓN

Soy un criminal, no una fregona

  • Sra. HudsonA juzgar por lo que estoy viendo usted necesita una mujer”
  • Moriarty: ¿Qué? ¿Pero qué es lo que dice? ¡Y qué hago yo con una mujer!”
  • Sra. Hudson: “Adivine…”

Sherlock Holmes, El caso de la Sra. Hudson, Parte 2 (0 min: 56 seg)

caso sra hudson

En casa venimos diciéndole a nuestro hijo que la mayor parte de los dibujos de antes eran mucho mejores. Tanto es así que le ponemos en youtube series como David el Gnomo, La abeja Maya, Jack y Nuca, Sherlock Holmes… y perlas de este tipo.

Pues bien, ayer que llovía pusimos un rato de dibujos por la tarde. Yo estaba encantada pensando que a mi retoño, con lo que le gustan los dibujos, iba a ver algo de calidad, más naíf y tranquilo que las batalladas estridentes de ahora.

Me tomé un momento de descanso a su lado en el sofá, con mis lecturitas sobre las rodillas.

Todo marchaba estupendamente hasta que… ¡horror! Escucho desde el ordenador la conversación que más arriba he transcrito. Doy un respingo y le digo a mi peque que espere un momento por favor, que tengo que ver de nuevo la anterior imagen.

Y zas, otra vez lo mismo.

No fue una confusión. Escuché lo correcto.

Esta segunda vez, además de escuchar, vi: la Sra. Hudson, esa fantástica perra hostelera que albergaba en su casa a Holmes y conducía el coche a todo trapo en los créditos iniciales, es secuestrada en este capítulo por Moriarty.

Él y sus secuaces la llevan al “escondite secreto”, una especie de trastero destartalado lleno de bártulos viejos, desorden, platos sin fregar, suciedad y todas esas cosas espantosas que a las mujeres de bien nos ponen los pelos de punta.

Ella mira alrededor y pronuncia la sentencia: “Usted necesita una mujer”.

No dice: “Usted necesita ser más ordenado”, o: “Usted debería ser más cuidadoso”… no, no.

Es una mujer lo que el malvado criminal Moriarty necesita y la Sra. Hudson lo sabe bien. Que se lo pregunten a mi abuela. ¿Quién sino una mujer puede salvar a un hombre del desorden y el caos hogareño?

En fin, que seguiré poniendo “dibujos de los de antes” a mi pequeño, pero trataré de estar siempre a su lado para irle contando los detalles ocultos. Y dejaré las lecturitas para cuando él duerma, no vaya a ser que se me pase algo tan grande como esto y mi adorado hijo acabe pensando que eso del orden y la limpieza es sólo cosa de las otras.

Enlaces relacionados

15 ideas sobre las series infantiles de los 70′-80′ y los mandatos de género por La Lente Violeta.

Mi papá también me cuida

El pasado 19 de marzo, día del Padre, se movieron diversas campañas de visibilización de la #PaternidadCorresponsable, entre ellas la llevada a cabo por #12CausasFeministas.

Guillermo Martínez de la Hoz

Guillermo Martínez de la Hoz

Dicen los datos que somos mayoritariamente las mujeres quienes nos ocupamos de desempeñar esas actividades y trabajos tan necesarios para la vida y tan poco valorados: los cuidados.

Desde los feminismos, abogamos por el reparto equitativo de las responsabilidades de cuidado como una condición indispensable para lograr el cambio real hacia la equidad entre mujeres y hombres. No se trata tanto en este caso de apelar a la naturaleza o a la sociedad para explicar o justificar por qué las mujeres y no los hombres son quienes venimos desarrollando históricamente los trabajos de cuidados sino de plantear que solamente mediante el reparto corresponsable de todas estas actividades es posible situar en igualdad real a mujeres y hombres.

Ahora bien, ¿qué tipo de indicadores son los que nos podrían ayudar a demostrar y corroborar estos hechos?

Tres tipos de indicadores de género son los que fundamentalmente nos aportarían información a este respecto: los indicadores de usos del tiempo, algunos indicadores laborales (causas de excedencias y otros permisos, entradas y salidas del mercado laboral, reducción de jornada…) y algunos otros indicadores cualitativos.

 Aquí ofrezco solamente algunos ejemplos. Todos ellos sacados de una fuente tan accesible y oficial como es el INE. Todos ellos actualizados.

 

Indicadores laborales

  •  Del total de personas entre 16 y 64 años que en España no están empleadas o que tienen empleo a tiempo parcial por hacerse cargo del cuidado de menores (850 mil) el 95,4% son mujeres y el 4,6% son hombres. [Fuente]
  • Del total de personas entre 16 y 64 años que han tomado excedencia a tiempo completo por más de un año para el cuidado de hij@s menores (44,9 mil) el 98% son mujeres y el 2% son varones. [Fuente]
  • Del total de personas entre 16 y 64 años que han dejado el empleo –sin considerar la excedencia- después del nacimiento de su hij@ para prestarle cuidados y aún no se ha incorporado (43,7 mil) el 91,3% son mujeres y el 8,7% son hombres. [Fuente]

Estos son indicadores de género. Pero siempre hay más preguntas que hacerse:

¿Qué beneficios y perjuicios reporta esta gran diferencia a mujeres y hombres?

¿Qué tipo de impacto tiene en nuestra vida laboral y económica, en nuestra salud, desarrollo personal o posición y situación social?

Indicadores de usos del tiempo

De entre diversas actividades señaladas, las mayores diferencias en los usos del tiempo entre mujeres y hombres las encontramos en el Trabajo Remunerado y en el Hogar y la Familia. [Fuente]

  • Los hombres dedican un promedio de diario de 7h y 55 min al empleo remunerado. Las mujeres un promedio de 6h y 43 min.
  • Los hombres dedican un promedio diario de 2h y 32 min al hogar y la familia y las mujeres un promedio diario de 4h y 29 minutos.
  • De entre todas esas actividades clasificadas, solamente en las del hogar y la familia las mujeres superan el promedio diario de tiempo de los hombres. Al resto de actividades, con diferencias de distinta envergadura, los hombres dedican más tiempo que las mujeres.

Y, nuevamente, más preguntas que hacernos después de los anteriores indicadores de género:

¿Qué hacemos diariamente las mujeres mientras los hombres dedican 1 hora y 12 minutos diarios más al empleo remunerado?

¿Qué hacen los hombres mientras las mujeres dedicamos al día 1 hora y 57 minutos más al hogar y la familia?

Y, sobre todo, ¿Qué implicaciones tienen estas diferencias? Porque, ¿Dónde reside el valor social que les otorgamos?

Indicadores cualitativos

En la Encuesta de Población Activa, el INE ofrece a las personas encuestadas diversas causas que motivan el empleo a tiempo parcial. A continuación señalo algunos indicadores de género particularmente relevantes:

  • El 62,6% de los varones señalan como causa principal de tener jornada a tiempo parcial la de no poder encontrar trabajo con jornada completa.

Después, señalan otros motivos (el 15,15%). En tercer lugar, el hecho de seguir cursos de enseñanza o formación (11,3%) y en el cuarto lugar (5,5%) el no querer jornada completa.

Por debajo del 2% se encontrarían todas las demás razones señaladas, incluidas las de atender las necesidades de las personas que necesitan cuidados. Así dicen los datos.

  • Entre las mujeres, la principal causa de tener empleo a tiempo parcial también es la de no poder encontrar trabajo con jornada completa (51,3%), aunque la diferencia con respecto al caso de los varones es bastante grande, situándose la brecha en los nada desdeñables 11,3 puntos porcentuales.

Más allá de esto, el análisis realizado desde el punto de vista del género señalaría un apunte interesantísimo: la segunda causa apelada por las mujeres está vinculada específicamente con los trabajos de cuidados: el 15,9% señala que la principal causa de tener jornada parcial es debido al cuidado de niños o adultos enfermos, incapacitados o mayores.

La tercera causa sería la de no querer trabajo de jornada completa (9,5%)pero vete tú a saber por qué no se quiere– y en cuarto lugar se encontraría la causa de tener que atender a otras obligaciones familiares o personales (7,7%).

Una vez más, los indicadores de género nos permitirían desentrañar la realidad social por medio de la interpretación de datos específicos y el planteamiento de nuevas líneas de análisis:

¿Qué reside detrás de las decisiones que mujeres y hombres tomamos en relación con el empleo y los trabajos de cuidados?

¿En qué se basan estas decisiones nuestras y qué consecuencias tienen para nuestra vida diaria y futura?

Como digo, estos son solo algunos magníficos ejemplos de indicadores de género que nos permiten afirmar sin miedo a equivocarnos que no existe un reparto equitativo a nivel social de los trabajos de cuidados. Por lo menos en lo que a la población activa se refiere.

Dicho de otro modo, que las mujeres se ocupan principalmente de estos trabajos y responsabilidades… con todas sus consecuencias positivas y negativas, a nivel individual y a nivel social.

Dice la gente que los hombres que se encuentran en los porcentajes minoritarios de los datos mostrados anteriormente son seres excepcionales. La excepcionalidad, a mí, me hace temblar porque apelar a ella no hace sino convertir la necesidad en imposibilidad.

Los hombres que se encuentran en los porcentajes minoritarios, en este asunto, son los hombres que necesitamos y que queremos: su excepcionalidad no es más que el ejemplo de lo que debería ser.

papá, bebé y la luna

En mi post de hoy quiero hacer un homenaje a todos estos papás encuentran también en el cuidado de sus seres dependientes un modo de desarrollo individual y de cumplimiento con sus responsabilidades. Bendita su no excepcionalidad y su claridad de pensamiento. Bendita nuestra no suerte y nuestra claridad de pensamiento.

El control sobre el cuerpo de las mujeres: uniformes diferenciados.

Comentaba en otro lugar de este blog que el sistema de sexo/género materializa la desigualdad entre mujeres y hombres bajo diferentes apariencias.

A estas apariencias es a lo que yo llamo Dimensiones de la Desigualdad de Género, cuya principal razón metodológica es la de aterrizar las abstractas esferas de la desigualdad en un plano concreto y cotidiano, para poder así elaborar en torno a ellas Indicadores de Género precisos para cada caso particular de intervención.

En este post voy a centrarme en una de esas dimensiones: el control sobre el cuerpo de las mujeres.

Esta es una dimensión amplia que abarca muy diversos aspectos del control de la masculinidad dominante sobre las ideas de feminidad y las mujeres que las encarnan, girando en torno al cuerpo como un mismo eje de conexión.

Los ejemplos más destacables de esta dimensión de la desigualdad de género serían todos los que tienen que ver con la sexualidad y los derechos reproductivos de las mujeres (capacidad de decisión en la expresión de la sexualidad –con quién, cómo, dónde-,  aborto, esterilizaciones, violación, acoso sexual…) pero también con aquellos otros aspectos que giran en torno al cuerpo de las mujeres desde otras ópticas: trastornos de la alimentación, cánones de belleza, ejercicio de la maternidad, capacidad de decisión en la gestación, parto y puerperio, medicalización de los procesos corporales de las mujeres, etc.

Sin duda, sería interesantísimo centrarnos en todos estos puntos, pero hoy no me quiero detener en ellos, hoy quiero mostrar un ejemplo sencillo, incluso hilarante, en contraste con los aspectos que acabo de mencionar.

Se trata del uniforme. Del uniforme de trabajo que una empresa comercial destinaba a mujeres y hombres de forma diferenciada. [Casi] Todas y todos hemos pisado el suelo de esta empresa alguna vez porque… si no te gusta, te devuelven tu dinero… ¿adivinas de qué centro comercial se trata?

El verano pasado, la noticia de que los dependientes de El Corte Inglés también comenzarían a vestir de uniforme corrió como la pólvora. ¡Por fin dejaríamos de confundirlos con meros clientes en la sección de deportes o caballeros!

Este hecho puede parecernos baladí pero, quizá, si pensamos que las dependientas del Corte Inglés habían llevado siempre uniforme cabría cuestionarnos: ¿Por qué unas sí y otros no? ¿A qué se debía esta diferencia?

Reflexionando desde el punto de vista del género deberíamos ir incluso un poco más allá y preguntarnos: ¿qué consecuencias ha tenido este hecho sobre la actividad laboral de mujeres y hombres en esta compañía?, es más, ¿qué impacto social conllevan actuaciones de este tipo?

A mi modo de ver, en esta cuestión de los uniformes existe una dimensión de desigualdad de género claramente vinculada con el cuerpo: ¿qué si no el cuerpo es lo que subyace a una diferenciación por sexo en los uniformes de trabajo?

Si nos fijamos, en muchas otras empresas las mujeres visten con uniformes entallados mientras que los de los hombres tienen un diseño más holgado. En otras tantas, los de las mujeres son más escotados que los de los hombres o están hechos con tejidos de diferentes colores. En El Corte Inglés, directamente, decidieron ponerles uniformes solamente a ellas. Digo yo que pensarían que dada la mayor versatilidad de los atuendos femeninos sería mejor evitar el problema desde el principio y dar uniforme exclusivamente a las dependientas para que tuvieran una única opción en el vestir (y que no aparecieran algunas con la falda por los tobillos, otras por la rodilla y las más atrevidas a modo de cinturón).

Unos años después (2008) la compañía realizó el Plan de Igualdad en el que se sentenció que esa práctica diferencial era, cuando menos, injustificada desde el punto de vista de la igualdad de trato. Y todavía más años después (2012) la compañía decidió finalmente que ya era el momento de que los dependientes estrenaran sus nuevos uniformes.

Cuerpo, cuerpo, cuerpo.

Qué evidente estás detrás de cada mirada pero qué difícil es verte a veces.

En mi metodología, la dimensión de desigualdad de género referida al control sobre el cuerpo se refiere a la restricción de la capacidad de decisión de las mujeres sobre su propia corporeidad como encarnación de su identidad individual, afectando a sus funciones, uso y expresión.

En relación con el ejemplo que estamos viendo, algunos indicadores de género podrían plantearse del siguiente modo:

  • % de empresas en España con más de 250 personas en plantilla que diferencian por sexo en los uniformes corporativos.
  • % de empresas en España con más de 250 personas en plantilla que poseen uniformes corporativos sólo para uno de los dos sexos.
  • % de empresas en España con más de 250 personas en plantilla que no poseen uniformes corporativos para ninguno de los dos sexos.
  •  Etc.

Estas tres opciones son ejemplos que nos podrían ayudar a conocer más al detalle el estado de la igualdad de trato entre mujeres y hombres en el ámbito de las empresas en un contexto social dado. Algunos de los elementos incluidos en estos ejemplos (como el DÓNDE o el QUIÉN) serían modificables en función de los objetivos a alcanzar con la medición de los hechos o prácticas sociales.

En definitiva, esta dimensión de la desigualdad de género nos permite fijar la mirada en una cuestión clave del ancho campo de la desigualdad entre mujeres y hombres y la igualdad de trato que podría pasar inadvertida analizando la realidad de una forma no desgranada.

La dimensión del control del cuerpo de las mujeres nos permite recordar este eje de análisis en cada contexto de intervención, y centrarnos en él siempre que sea necesario para proyectar intervenciones equitativas que no perpetúen la desigualdad de género.