Yo quiero ser una de esas mujeres

“Las urnas han hablado y han dicho que queremos una primavera liderada por mujeres que hagan florecer el cambio. Mujeres revolucionarias y revolucionantes, alegres, aguerridas, generosas y valientes…”  Carne Cruda, 26 de mayo de 2015.

Yo siempre he querido la política.

Un amigo me dijo una vez que yo era “amante de la ideología”. Lo que yo era en realidad era una defensora del crear colectivo, de la vida mejor, de las respuestas a las dificultades de vivir junt@s. Eso de lo que ahora tanto se habla pero que lleva latiendo tanto tiempo.

Queriendo de esta manera la política he seguido siempre. Aprendiendo y construyéndome con tantas y tantas compañeras en la facultad, en Samba da Rua, en el Laboratorio Feminista, en los colectivos y en las asociaciones, en los espacios comunes… porque la política, carajo, se hace en el día a día.

Y por fin, hoy, tengo referentes femeninos que me ilusionan de verdad.
Por fin hoy han llegado a primera línea de nuestro entorno algunas mujeres a las que sé que voy a admirar cada día un poquito más.

Son las mujeres que nos hacen falta.

Y lo mejor de todo es que sé que son solamente la cara visible de todas las demás mujeres que han hecho posible todo esto, que han labrado el camino que nos ha llevado hasta aquí hoy.

Mujeres como las que me gustaría ser.

Cómo no voy a estar contenta.

“Desocupar la maternidad” de Brigitte Vasallo.

“Cuando se nos enuncia como madres se antepone la relación con nuestrxs hijxs a cualquier otra de las dimensiones de nuestra identidad, porque ser madre, en el fondo, es desaparecer”.

 Habla Brigitte Vasallo de la posibilidad de tener hijxs sin convertirnos por ello en madres. Nada tan revelador he escuchado nunca sobre mi maternidad, o sobre mi relación con él (mi hijo) y con ella (mi hija).

Me costó años definirme como madre. Tardé tiempo en poder decir “mi hijo”. Y aún hoy me resulta difícil dibujar mi perfil como una mujer que tiene un hijo y una hija. Recuerdo las caras de extrañamiento a mi alrededor cuando he confesado esta sensación informe y rara. Incluso alguna vez me han jaleado diciéndome “pues ya es hora, guapa”. Lo que me pasaba es que no era capaz de definir mi vínculo de madre de una manera ajena a la idea de maternidad que yo misma tenía, que me habían enseñado.

Al ser madre creí que el feminismo, y no sólo la construcción patriarcal de la(s) mujer(es), me habían restado potencia y dinamitado mi autoconfianza sobre la decisión de tener hijxs: o respondía a las expectativas sociales que se tenían sobre mí, y entonces me convertía en una mujer convencional y desempoderada, o luchaba contra la unión naturalizada de la mujer y la madre, y entonces seguía mi vida adelante sin haber cumplido un deseo de profunda curiosidad que realmente latía en mí. Como feminista era doloroso creerme caída en el rol del que tanto huí; como mujer era terrible definirme principalmente como madre, dando sombra a todas las demás identidades que tengo, que quiero, que ofrezco.

Teo y Vera son mis hij@s pero son mucho más que eso, del mismo modo que yo soy su madre y soy al tiempo mucho más que eso.

Ana Fernández de Vega

Playa de Langre, Ribamontán al Mar, Santander. Abril de 2015.

Porque soy una cis mujer, soy hetero, vivo en pareja y en familia nuclear, trabajo dentro y fuera de casa y unos cuantos convencionalismos más. Y soy feminista. Y subversiva en la vida que día a día respiro y transformo. Y también follo y me ensucio y grito, y quiero estar sola tanto como acompañada, y quiero cumplir mis sueños sin que entren en conflicto con los de mis hij@s. Y soy una buena madre, carajo, pero no la buena madre. Y no puedo sino acordarme de aquel verso de Walt Whitman que me marcó tanto ya desde la adolescencia: “Soy inmenso, contengo multitudes”.

 Gracias Brigitte Vasallo por recodarme que mi maternidad está definida únicamente por la relación que tengo con mi hijo y con mi hija, por permitirme escapar con tu lucidez de la nada devoradora que es esa maternidad absoluta que hemos ido reproduciendo culturalmente y que nos ha ido comiendo o anulando a las mujeres, con o sin hijxs.

Los Indicadores de Género son una cuchara

Los Indicadores de Género son una cuchara
 

“Los indicadores de género son como una cuchara. No saben si la sopa está caliente o está fría. No saben a qué sabe ni notan si es espesa o está aguada”. Con estas palabras les venía yo a decir a las participantes del Máster en Género y Desarrollo que los indicadores de género son instrumentos cuya utilidad se la damos quienes los usamos. Nos les quise decir que no eran nada porque no sería una verdad del todo.

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Las feministas de verdad (no) son activistas

Este año me he dado cuenta por fin de una realidad que tenía frente a mis ojos pero que no conseguía enfocar. Soy tan necia a veces que no veo lo que tengo delante de mis narices.

La realidad es que no todas mis amigas feministas son activistas. La cruda realidad es que alguien puede ser firme defensora de unos ideales, unos principios o un modelo social y hacerlo tranquilamente desde su casa. La verdad aplastante para mí es que tengo amigas feministas maravillosas que prefieren tomarse para sí una tarde de domingo que hacer cualquier tipo de activismo.

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Evidentemente, esta paradoja social es extensible a cualquier tipo de posicionamiento político.

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Ahora, yo me pregunto: ¿existe una relación directa entre el grado de compromiso con una idea o proyecto político y el grado en que nos movilizamos para lograrlo? ¿Tiene la misma legitimidad la opinión de quien se define en un determinado ámbito del espectro ideológico/político que la propuesta de quien se moviliza socialmente para conseguirla? O, en otras palabras, ¿es el activismo (feminista o no) una condición para ostentar autoridad sobre una cuestión social?.

En toda esta amalgama de preguntas me he pasado lo que llevamos de marzo dando giros y giros para aceptar tal cual son a mis amigas hipercríticas  (feministas u otras cosas peores) y reprimir mi estrafalario espíritu censor. Pero soy odiosamente meticulosa y lamentablemente (femi)nazi y no puedo evitar que me chirríe que a la gente se le llene la boca de crítica social mientras no mueven un solo dedo por construir colectivamente la alternativa de lo que tanto critican.

social activism

El caso es que yo siempre he sido fan de la micropolítica y así lo intento siempre repetir: existe un inmesurable impacto social en las pequeñas revoluciones cotidianas que hacemos cada día cada una.

Y sé a carne sufriente que la vida (pos)moderna es atareada y no tenemos tiempo de nada (salvo para hablar y criticar mucho el sistema).

Pero no puedo reprimirme en decir que por muy complicadas que tengamos las cosas, por mucha revolución cotidiana que hagamos en nuestro universo microsocial, los cambios verdaderos sólo los logramos en colectivo, unidas, en red. En la calle. Y me jode que tanta gente chula e interesante no se haga parte de algunas o todas las movilizaciones existentes y sobre las que tanto opinan.

Será que aún viven creyendo que el mundo de las ideas se basta en sí mismo.

Ganemos Majadahonda: el fin y el principio

Cuando parecía que los partidos políticos estaban abocados al fracaso, apareció Podemos generando ilusión y utopía de cambio. No diré que yo no me ilusioné.

Podemos tira fuerte y se mantiene en la cresta de la ola pero dentro de unos años, antes de que nos demos cuenta, Podemos será un partido más con su propio rol (de casta) en las instituciones.

No diré que no creo en los partidos políticos. Simplemente me reconozco más haciendo política en otros espacios. Esos espacios, sin que los medios se hagan tanto eco como debieran, son los que están copando inexorablemente el ámbito de la Política grande, con mayúscula. Ni si quiera buena parte de quienes ahora apoyan a Podemos, de quienes militan en otros partidos o son parte activa de los movimientos sociales parecen darse cuenta de este enorme detalle: la política, cada vez más, se hace fuera de los partidos.

Las plataformas ciudadanas surgidas en estos últimos meses para concurrir al año electoral 2015 son precisamente una manifestación de la forma de hacer política que se está verdaderamente forjando hoy y que no hace sino crecer a pasos agigantados.

Ana Fernández de Vega

Portavoces de Ganemos Majadahonda y el resto del equipo. Octubre de 2014.

En una sociedad que avanza tan rápido, que se sostiene sobre una red compleja de partes que se conectan entre sí de forma intencionada, la política institucional –lo quiera o no- va a ir siendo protagonizada por movimientos o grupos políticos con un pie dentro y otro fuera del stablishment. A la gente le da por criticar las etiquetas pero yo prefiero utilizarlas como gran metáfora de lo que realmente somos: identidades movibles. A través de esas identidades múltiples y movibles nos encontraremos en espacios de afinidad y proyectos políticos compartidos.

GM_logoEn Ganemos Majadahonda hemos tenido una oportunidad única de hacer política de futuro, pero sus propias integrantes lo hemos impedido. Nuestros errores se han situado, a mi modo de ver, entre lo cínico, lo prepotente, lo pueril y lo prejuicioso. No hemos sabido ver que una misma regla no puede ser aplicable a diferentes circunstancias: deberíamos haber ajustado nuestro planteamiento estratégico a la realidad y necesidades de nuestro municipio.

Pero no lo hicimos.

No supimos unirnos en el proyecto político propio de Ganemos Majadahonda. No supimos encontrarnos con la gente que integrábamos esta iniciativa sino que fuimos a chocar con las siglas que esas mismas personas portaban como algunas de sus etiquetas. Olvidándonos de que nuestras etiquetas son sólo una parte de nuestra identidad.

Así que el tiempo nos dirá.

Ahora todavía saboreamos la sensación de estar en el lado del éxito, o nos aferramos con sólida lealtad a una formación política con historia, o nos sentimos inocentemente orgullosas de no tener unas siglas por encima de nosotras que piloten nuestro barco.

Ahora todavía es el momento de despotricar contra el adversario, de creer hipócritamente que lo hicimos mejor que el otro, de seguir manteniendo viva la ilusión (antigua, nueva, qué más da) de que defendemos unos ideales puros, un proyecto transformador, una identidad primigenia que defiende a las de abajo, a los de la izquierda, a los pobres, a las precarias.

Pero el tiempo nos dirá.

Nos dirá que, en Majadahonda, si no conseguimos construir un proyecto común no tenemos nada que hacer. Nos dirá que la mayoría social lo que verdaderamente se merece es que demostremos humildad y capacidad de entendimiento hacia quien se define con etiquetas diferentes a las nuestras. El tiempo nos demostrará que es fácil caer en los mismos errores pero que lo importante es reconocer haber caído porque sólo se construye de pie y sólo se construye de verdad con l@s demás.

Mientras tanto, algunas seguiremos haciendo política de otras formas. Seguiremos arrojando luz sobre esas sombras que ni los de antes ni los de ahora han podido o han querido todavía alumbrar (feminist perspective, entre otras). Quizá es que el cambio de verdad no existe. O quizá es que sólo existe en la cotidianidad, en la política del día a día y no en esa Política que no tiene ni voz ni cuerpo propio ni uniones reales con la gente.

Mientras tanto, algun@s nos quedamos aguardando a que la semilla plantada en Ganemos Majadahonda comience a crecer en alguna próxima primavera.

Parques Reunidos, ¡multiplicaos!

Parques Reunidos, ¡multiplicaos!
 

Dicen que tener y criar hij@s de una forma entregada resta posibilidades y oportunidades para desarrollarse en otros ámbitos. Lo dicen y aciertan. Pero todo ello se dice en un entorno de absoluto predominio del empleo como factor de integración social, éxito (o subsistencia) económico y autorrealización personal. En este contexto, tener y criar hijes siendo mujer resta muchas más oportunidades.

Pero no voy a hablar en este post de desigualdad de género, ni de la duplicidad entre trabajo productivo y reproductivo, ni de las desventajas para con las mujeres del sistema asentado en los roles de género, ni de las enormes limitaciones de las políticas de conciliación entre las que se encuentran las repercusiones para la población infantil.

 No, no se trata de esto.

 En este post quiero hacer mención a las oportunidades que, también, podemos encontrar mientras criamos cuando tenemos gente a nuestro lado que se encuentra en la misma situación que nosotres.Leer más

Participación política y mujeres. La experiencia del Círculo de Majadahonda

Llevo unos días pensando en que las barreras invisibles son más altas de lo que pensábamos. Me gustaría decir incluso que son “más invisibles” de lo que creíamos pero eso ya sonaría muy raro.

La participación política de las mujeres es menor. Lo es en cantidad y lo es en compromisos adquiridos. Yo estoy segura de que estos hechos derivan de una estructura desigual primigenia (¿A alguien le suena el sistema de sexo/género?) pero, obviamente, habrá quien atribuya el origen a hechos puramente casuales, actitudinales u opcionales.

Y yo les pregunto: ¿Qué pasa cuando comprobamos que un hecho se repite un día y otro día? ¿Qué pasa cuando ese hecho se manifiesta también en otros lugares, de forma similar? ¿Qué pasa cuando el tiempo transcurre y ese hecho sigue sucediendo? ¿Qué pasa cuando las mismas pautas son compartidas por diferentes personas en muy distintos lugares y circunstancias?

¿Cuándo pasa algo de lo casual a lo sistémico?

Es más, ¿cómo hacer visible lo sistémico para comprender la realidad que nos rodea y transformarla si la queremos de otro modo?

La reflexión que surge a raíz de estas preguntas es el marco perfecto para el contenido de este post.

 

Participación por sexo en la 9ª Asamblea del Círculo Podemos Majadahonda

En esta Asamblea como en las anteriores la presencia masculina es mayor.

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La presencia por sexo se mantiene en los cuatro momentos de recogida de datos (19.30h, 20.00h, 20.30h, 21.00h) en un intervalo porcentual que se sitúa entre el 31,6% de mínimo y el 42,3% de máximo para las mujeres y el 57,7% de mínimo y el 68,4% de máximo para los hombres.

La participación activa en las tomas de palabra totales que se produjeron en los momentos de debate abierto de la Asamblea arrojan unos datos proporcionales semejantes al rango de presencia. De las 29 veces en que se tomó la palabra, el 34,5% lo hicieron mujeres (10 veces) y el 65,5% lo hicieron hombres (19).

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En relación con la participación oral activa es preciso anotar que la heterogeneidad individual masculina es significativamente mayor a la femenina, al centralizarse la toma de palabra femeninas en 3 mujeres individuales frente a un rango situado entre los 6-7 hombres. Esta pauta se viene repitiendo en todas las Asambleas y deriva del hecho de que existe un mayor número activo de hombres que de mujeres en este espacio de participación política.

¿De qué nos están hablando estos datos?

Fundamentalmente de dos cosas:

  1. De cómo se manifiesta la desigualdad de género en la participación política al nivel del Círculo de Majadahonda como reflejo de una situación estructural más amplia, lo cual es sostenido con los datos que han sido recogidos en las pasadas Asambleas y con las experiencias que se están produciendo en otros Círculos y en el contexto de Podemos en general.
  1. De la importancia de diseñar maneras que favorezcan una participación igualitaria de mujeres y hombres en nuestro en Círculo en particular y en el contexto político de Majadahonda (y del mundo!) en general.

Que las mujeres estemos en los espacios de participación política y ciudadana con menos frecuencia y que asumamos menos responsabilidades en ello es un hecho probable. Las causas son múltiples pero éstas no pueden circunscribirse exclusivamente al ámbito de la voluntad o al deseo primigenio ajeno a cualquier interferencia social. La sociedad nos atraviesa y condiciona diferentemente según seamos mujeres y hombres. El enfoque de género nos posibilita entender precisamente que el ser hombre o mujer determina nuestra posición y situación social. El feminismo aboga por que nacer hombre o mujer no condicione nuestro lugar en el mundo, no repercuta negativamente en nuestra capacidad de incidencia social, ni en nuestras oportunidades ni en nuestras maneras de expresarnos.

Yo creo que la participación ciudadana nos hace más grandes. Y es una cuestión de igualdad y justicia social que hagamos lo posible por permitirnos a mujeres y hombres participar plenamente.

 

FEMINISMO: la palabra maldita

He pasado un par de días en Pamplona impartiendo unas sesiones a las compañeras de las Unidades de Igualdad de Género de los departamentos de la Administración Foral. En su práctica mayoría, son mujeres (y dos hombres) en férreo compromiso con la incorporación de la igualdad de género en la práctica administrativa. Pero cuando se trata de hablar de “feminismo” las resistencias aparecen.

Casualmente, ONU Mujeres está lanzando estos días la campaña HeForShe. Emma Watson lanza un discurso sincero y emotivo en el que, entre otras cosas, aborda precisamente la impopularidad de la palabra feminismo y recuerda lo que este término significa realmente.

La actriz inglesa, definiéndose así misma como feminista, y haciendo un repaso por las ideas básicas que engloba la igualdad de género, llega a decir también que “no es la palabra lo importante” sino “la idea y la ambición que hay detrás” de ella.

¿Es esto verdad?

¿Nos vale más pelear por el fondo de una palabra incómoda que defender el uso de la misma? ¿Acaso no es de rigor loar todo lo que engloba la palabra “feminismo”, desde su historia hasta sus múltiples matices que dan riqueza y color a la igualdad entre mujeres y hombres?

Por supuesto que yo creo en la importancia del fondo pero también creo en la forma: defiendo la palabra feminismo y opino que debemos nombrarla y nombrarnos con todas sus letras, porque:

  • Si apostamos por los mismos objetivos que el feminismo defiende, ¿por qué evitar denominarnos feministas?
  • Si creemos en la igualdad de derechos y responsabilidades entre mujeres y hombres, ¿por qué omitir que creemos en el feminismo?
  • Si sabemos que la transformación del sistema de sexo/género atraviesa la reformulación de los roles y la reinvención de lo que significa ser hombre o mujer, ¿por qué no situar esta convicción en el marco del feminismo?

¿Por qué sigue habiendo tanto miedo a la palabra feminismo?

 Más allá (y junto con) todo lo que Emma Watson traslada en su intervención (y que previamente ya lo han trasladado hasta la saciedad feministas de diversa condición) yo echo de menos la referencia a dos conceptos fundamentales: el privilegio y el empoderamiento.

 Privilegio

Diluir los roles. Equiparar y extender los derechos. Repartir los trabajos. Equilibrar los tiempos de vida. Garantizar la autodeterminación y decisión de las mujeres. Defender la vida de las nacidas. Sobrepasar los estereotipos. Coeducar. Escuchar todas las voces y darles igual autoridad. Revalorizar lo tradicionalmente femenino. Penalizar las actitudes y comportamientos machistas.

he can do itTodos estos objetivos y más, que forman parte del cuerpo teórico y político del feminismo, llevan consigo una consecuencia inevitable: abolir el privilegio masculino.

Podemos hablar de igualdad entre mujeres y hombres, podemos apostar por la diversidad, puede incluso ponerse de moda de repente ser feminista… pero si no tenemos claro que aplicar el feminismo implica irrenunciablemente abolir los privilegios masculinos en todos los ámbitos de la vida en que se expresan, “feminismo(s)” se volverá una palabra vacía.

Porque, queridos, ser feminista no es sólo amar bien a las mujeres o defender la igualdad, es renunciar a todas esas parcelas (de tiempos, de trabajos, de dineros, de poder y autoridad, de atenciones y cuidados…) que todavía tenéis casi en exclusividad y compartirlas con nosotras.

Empoderamiento

rebeledes en casas y plazasCapacidad de autodefinición. Posibilidad de expresión. Autoridad para nombrar el mundo. Ejercicio activo de la ciudadanía. Defensa individual y colectiva de los propios derechos. Garantías materiales para desarrollar la propia vida. Poder para decidir. Sabiduría para distinguir lo socialmente construido. Lucidez para identificar los factores de opresión. Fortaleza para derribarlos.

Todas estas claves y más son necesarias para potenciar el empoderamiento de las mujeres, sin el cual el feminismo se queda en una realidad ilusoria.

Empoderamiento de las mujeres y fin del privilegio masculino son las ovejas negras del feminismo y, por eso, esta palabra es impopular. Por eso les causa rechazo a muchas mujeres nombrarse así: porque nuestra feminidad tradicional no nos ha inculcado sentirnos fuertes y combativas. Por eso tantos hombres la rechazan: porque es muy duro reconocer que el sistema te sitúa en la posición privilegiada y que un imperativo ético te obliga renunciar a ella y a asumir las consecuencias.

Siempre fue más fácil vivir sin verlo todo.

i love feminismEs muy importante que no perdamos de vista estos dos conceptos porque, efectivamente, mujeres y hombres vamos de la mano y estamos implicad@s en la igualdad de género, pero a cada quien le toca desempeñar un papel en esta aventura, aunque a unas y otros nos toque igualmente revisarnos y sacudirnos.

Mientras no lo asumamos, podremos hablar de feminismo y de igualdad todo lo que queramos pero estaremos caminando en vía muerta.

Sin estos dos fundamentos el feminismo simplemente no es.

Y tú, ¿por qué te depilas?

depilada descuidadaYo, que tengo cierta desconfianza hacia los feministómetros, dudo mucho de que el depilarse o no depilarse hable de un grado mayor o menor de identidad feminista. Yo creo en la elección porque creo en la capacidad crítica de las mujeres. Por ello, entiendo que la manera de enfrentar el mandato de género que obliga a las mujeres a depilarse no es necesariamente dejar los pelos crecer sino cuestionar la ciega asimilación de prácticas sociales femeninas.

 Ya decía June Fernández que la depilación femenina es “un mandato de género difícil de saltar”. A continuación, empleo un par de las afirmaciones que la directora de Píkara Magazine plantea en uno de sus últimos artículos para hilar mi postura sobre este tema.

Opciones que no son igualmente respetadas

Ana Fernández de Vega

Mis pelos y yo.

Yo no me depilo constantemente. Cuando estoy sin depilar siento las miradas reprobatorias de la gente. Esto provoca irremediablemente en mí una vergüenza pasajera y silenciosa que me ataca por la espalda. Me siento, por unos momentos, confundida. Entonces se me hace otra vez evidente lo fuertes y asentados que están los mandatos de género en nuestra forma de entender la feminidad y el decoro.

 Cuando estoy sin depilar incumplo las expectativas que se tienen de mí como mujer. Y cuando se da esta situación no puedo sino plantearme la disyuntiva clave: ¿qué es más importante para mí: la aceptación social en el cumplimiento del estereotipo femenino o la decisión que nace de mi propio pensamiento y actitud?

La depilación es una expresión más de la “violencia simbólica sexista y machista”

El estado de confusión y vergüenza antes descrito es encarnado en mi cuerpo como una situación de control sumamente desagradable que me debilita como sujeto individual. Cuando una situación pasa de ser un hecho aislado a convertirse en un acto sistemáticamente repetido, pasamos del ámbito de lo puramente experiencial al ámbito de la realidad estructural. Hete aquí que la estructura de sexo/género se ejemplifica límpidamente en la depilación femenina.

depilarse depende de dondeLa obligatoriedad de la depilación femenina reinante en nuestras sociedades es, sin duda, una expresión de violencia simbólica contra las mujeres que se resume en los tres puntos siguientes:

  1. Violencia sobre la que no se depila que se expresa en forma de irrespeto, cuestionamiento y rechazo.
  2. Violencia sobre la identidad de mujer que se elige y autoconstruye.
  3. Violencia canalizada a través de los mandatos y los estereotipos de género que son monstruos gigantes de imposición y pensamiento único.

Reducido a puro acto, depilarse o no depilarse habla de una cuestión puramente estética. Juzgar y valorar a las mujeres por este acto es una expresión del dominio machista sobre la imagen deseada del cuerpo femenino en la sociedad de mercado actual.

 Depilarse o no

depilar como soy yoUna de esas pequeñas grandes cosas que nos enseña el feminismo es que somos las mujeres las que debemos decidir qué hacer con nuestro cuerpo y cómo gestionarlo. Y, desde una decisión reflexionada y crítica con el androcentrismo, querernos y nunca boicotearnos.

No depilarse es, cuando menos, un acto de gallardía feminista. Pero depilarse es también el resultado de una decisión personal. Asegúrate realmente de que cuando te depilas lo haces siendo consciente del cumplimiento con un determinado estereotipo femenino. Si lo dudas, déjate el vello crecer… y a ver qué pasa.

 Colofón

La libertad de elección que otorga el feminismo a las mujeres es una de las bases del empoderamiento. El feminismo construye mujeres críticas y fuertes, conscientes de su identidad de género y combativas contra cualquier atisbo de amenaza machista.

Quien se crea en legitimidad de cuestionar nuestro criterio, higiene personal o identidad por este u otros mandatos de género no es más que una persona necia y superficial. Y para mí no existen peores insultos.

No te pierdas…

Rocío Salazar – Ilustradora (Gracias por tu arte feminista tan lleno de gracia y verdad)

Tanto revuelo por unos pelos… June Fernández.

¿De profesión? “Formadora en análisis de género”

Hace ya años que parte de mi ejercicio profesional es el de impartir formación en materia de igualdad de género, generalmente en el marco de los Planes de Formación de las Administraciones Públicas, pero también en empresas privadas y organizaciones sociales.

Todavía hoy me pregunta la gente para qué sirve y qué es exactamente lo que hago.

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