7N. Marcha Estatal contra las Violencias Machistas

7N. Marcha Estatal contra las Violencias Machistas
 

Decía María Pazos que la sociedad española sí está movilizada para frenar la violencia de género a diferencia de otras del norte, y que eso era algo que teníamos que aprovechar.

Nada más ilustrativo de esta conciencia colectiva que la marcha convocada en Madrid para este 7 de noviembre de 2015. Una MARCHA CONTRA LAS VIOLENCIAS MACHISTAS que pone de manifiesto la dificultad para nombrar un problema que adquiere múltiples matices y formas y que constituye la esencia misma del patriarcado. Las violencias machistas son muchas cosas, y de ahí la diversidad de términos empleados para nombrarla, incluso en el propio manifiesto: terrorismo machista, feminicidios, asesinatos, acoso laboral, violencia sexual, recortes sociales, control del cuerpo de las mujeres…

Las violencias machistas abarcan un problema estructural que necesita ser:

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Parir

No me canso de repetir que hay puntos comunes en la diversidad de miradas feministas pero que hay también puntos muy distanciados, incluso antagónicos.

Muchas de estas posturas antagónicas giran en torno al cuerpo y están sobrevoladas por la idea de lo natural. Muchas feministas rechazan visceralmente todo lo que suene a esencialismo (como enfoque contrario a la construcción cultural). Y muchas feministas se agarran a lo específico de las mujeres como palanca para desmontar la dominación patriarcal.

Muchas otras feministas tratamos de situarnos en el medio o, mejor, entre todo.

Aquí quiero escribir sobre el acto de parir como una oportunidad para subvertir el modelo de dominación sobre las mujeres, y me gustaría remitiros a este video de la artista Ana Álvarez-Errecalde como un recurso visual para sostener mi postura.

Parir no es ser madre

La maternidad es un proceso en construcción. A mi modo de ver, no hay un conocimiento consciente ni una sabiduría previa que portemos las personas antes de experimentar lo que es tener una hija. Acaso, hay intuición. O la pulsión por conservar la vida.

El acto de parir no es una condición para la maternidad, es sólo una posible vía: hay madres que no han parido y hay parturientas que no llegan a ser madres.

Esta premisa es fundamental para poder desarticular la relación obligada entre un proceso fisiológico específico de los cuerpos sexuados femeninos (el parto) y la noción de maternidad.

¿Por qué es importante realizar esta desarticulación?

Porque es la única vía para defender la maternidad como un elección de las mujeres. La maternidad no puede ser entendida como un destino obligado, delimitado o imprescindible para la realización femenina si queremos defender nuestros derechos y nuestra autonomía. De esta defensa se ocupa el feminismo.

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Ana Álvarez Errecalde. Foto extraída de su web.

Parir puede ser un acto subversivo

De forma progresiva, se ha producido un paulatino incremento de la medicalización y de los conocimientos reglados expertos en torno a los procesos fisiológicos de las mujeres; históricamente, se ha dado la apropiación masculina de las prácticas, saberes y acontecimientos fisiológicos femeninos, como el embarazo, el parto y el puerperio. Las mujeres hemos sido expropiadas de procesos propios y conocimientos autogestionados como una consecuencia más de la inabarcable expansión del sistema de dominación patriarcal. Ea.

Para muchas mujeres, parir con autocontrol, conciencia y presencia es una forma de reapropiarse de la vivencia. Es una oportunidad para ejercer y demostrar-se el propio poder. Es, además, una manera de volver a la carne, a la sangre, a la materia que somos, y que las ideas estereotipadas de la maternidad han teñido de pulcritud y blanco. Reivindicar la materia es también defender las historias de las mujeres por oposición al imperio de lo racional, lugar en el que se alimenta el plus-valor de lo masculino.

Reivindicar un parto propio no trata de sospechar de las mujeres que paren siguiendo la senda marcada actualmente. (¿Quién, además, no sigue la senda marcada en algún momento, o hacia algún lugar?). El feminismo no quiere alimentar las sospechas sobre las mujeres, sino defender nuestra capacidad de elección.

Las incógnitas

¿Por qué precisamente son los aspectos más vinculados al cuerpo los que tienden a enfrentar a las feministas?

¿Por qué las mujeres sospechamos cuando las otras no cumplen con lo que creemos que debería ser la forma más acertada de comportarnos “como una mujer”?

¿Por qué tendemos a simplificar las cuestiones complejas cuando son la capacidad de reflexionar y la autocrítica lo que primero se comen los sistemas de dominación?

¿Por qué no nos apoyamos, coño, en las decisiones que tomamos?

 

Ángela. Octubre 2015.

Ángela. Octubre 2015.

Reivindicar

Reivindicar es la forma originaria de hacer valer nuestros derechos. El derecho a decidir es la base para garantizar la autonomía de las personas y nuestro desarrollo personal.

Reivindicar un parto propio, un parto sin violencia, un parto auto guiado es un acto político. Un acto político que yo entiendo como genuinamente feminista, porque el feminismo es, entre otras cosas, la pulsión por empoderarse de quienes han sido excluidas por no tener identidad masculina.

Quiero recordar aquí los nombres de tres mujeres cercanas que han hecho mucho por defender su decisión y libertad en el parto: a Ángela, mi hermana, por su tenacidad y bravura; a Pilar, compañera de militancia, por su compromiso con todas las mujeres; y a Ana Álvarez Errecalde, por su generosidad.

Apuestas feministas y por la diversidad funcional

El pasado 19 de septiembre de 2015 recorría Madrid la IX Marcha por la Visibilidad de la Diversidad Funcional y volvía yo a pensar sobre la necesidad de garantizar una vida independiente para todas las personas y cómo en muchos sentidos los reclamos feministas y los que surgen de la apuesta social por la diversidad tienen mucho que ver.

Puntos de encuentro

Señala Laura Viñuela que la concordancia entre las críticas al modelo patriarcal y al modelo social de la discapacidad reside en la diferenciación entre lo biológico y lo social.

Por un lado, el feminismo defiende la separación entre las características biológicas de los cuerpos y los roles que se les han atribuido históricamente a las mujeres y a los hombres. Es decir, el feminismo como teoría crítica y como apuesta política argumenta que las características, responsabilidades y modos de ser que atribuimos a las personas no derivan del sexo biológico per sé sino de la construcción social que los envuelve: el género.

marcha diversidadEn la misma línea, las críticas al modelo de la discapacidad también enfatizan la separación entre lo biológico y lo social en tanto que diferencia entre la “disfunción” y la “discapacidad”. La disfunción es lo meramente corporal: son las características del cuerpo físico y psíquico que afectan a la apariencia o al funcionamiento de la mente o cuerpo de las personas; mientras que la “discapacidad” es una noción que pone de manifiesto la restricción de la actividad personal motivada, no tanto o no sólo por el sujeto en cuestión, sino por un sistema social que no responde a las necesidades específicas de las personas con disfunciones.

Así, desde ambos enfoques teóricos cuerpo y sociedad son diferenciados y analizados al mismo tiempo, entendiéndose como partes inseparables del binomio que determina en buena parte posición ocupamos en el mundo. Y la determina porque construimos sociedades de eso modo.. igual que podríamos construir modelos sociales diferentes.

Rupturas normativas

El núcleo del enfoque feminista que distingue entre las características biológicas y los roles sociales es un camino directo hacia la flexibilidad identitaria en el sentido de que permite escapar a las personas de identidades esencialistas diseñadas de antemano al abrigo de parámetros inamovibles, eso que se podría resumir en la frase de “tú eres así porque eres mujer”.

Esta es una clave básica de la apuesta feminista: la distinción entre “sexo” (características físicas que identifican los cuerpos: masculinos, femeninos e intersexuales) y “género” (características sociales que se adscriben a los cuerpos sexuados masculinos o femeninos).

yes we fuckPor su parte, la diferenciación entre disfunción y discapacidad apela de forma directa a los modelos sociales que construimos y a cómo están diseñados para responder a un determinado tipo de sujeto y no a todos. Así, la crítica al modelo social de la discapacidad pone el acento en que los problemas de integración o adaptación de las personas con diversidad funcional no derivan tanto de ellas sino de la inadaptación de la estructura social a las necesidades que estas personas demandan. Es el modelo social el que refuerza la discapacidad mientras que son las personas las que somos diversas.

Horizontes

Tanto la perspectiva feminista como las apuestas de los movimientos de la diversidad funcional reorientan la mirada hacia los factores sociales que definen nuestras ideas de normalidad y capacidad:

¿quién encarna el sujeto normal?

¿Qué es una persona normal?

¿Qué es lo que hace capaces a las personas?

Mientras que la mirada feminista nos permite poner en cuestión el modelo normativo masculino a partir del cual se genera el valor entre los géneros, la crítica al modelo social que favorece la discapacidad nos invita a interrogarnos sobre el valor normativo de la capacidad a partir de donde se determina que las personas puedan o no llevar una vida lo más autónoma posible.

Un cruce de visiones imprescindible si se quiere mantener cualquier discurso sobre la identidad. Dos apuestas ineludibles en los movimientos políticos críticos que apuntan hacia la proyección de alternativas de vida social no discriminatorias.

… Y también soy madre

Existen muchas cuestiones que me inquietan en torno a la maternidad pero hay dos preguntas que en los últimos meses me son de especial trascendencia:

  • ¿Por qué no puedo subrayar mi maternidad como un dato más de mi identidad en los espacios profesionales y de activismo político?
  • ¿Y por qué todos los proyectos que ensalzan de algún modo la maternidad nos parecen siempre desde los feminismos un punto grimosos?

A partir de estas preguntas y de la infinidad de respuestas y nuevos interrogantes que me surgen, me he propuesto dos objetivos para comenzar el nuevo curso: el primero, comenzar a poner sobre la mesa que la maternidad es una experiencia que me enriquece profesional y políticamente. Y el segundo: evitar asociar maternidad gustosa con feminidad rancia.

Ana Fernández de Vega

Parque Natural de Sanabria, Zamora. Agosto de 2015.

Nunca me recomiendan que diga en una entrevista de trabajo que soy madre, al contrario, siempre me aconsejan que no se me ocurra mencionar mis responsabilidades maternales porque se entienden como responsabilidades potencialmente competitivas con las laborales. Y yo siempre me quedo algo disconforme…

¿Acaso mis responsabilidades no se resuelven desde la misma fuente?

¿Acaso mis aprendizajes y cualidades no las llevo conmigo allá dónde estoy?

Por otra parte, en las reuniones políticas de cualquier tipo nunca mencionamos las responsabilidades de cuidados que estamos asumiendo en esos momentos. Particularmente en los espacios feministas, no solemos hacer visibles las tareas de cuidados a las que estamos haciendo frente, o las personas dependientes que tenemos a cargo o los tiempos cotidianos que dedicamos a sostener la vida de las demás personas. En estos espacios, como en los otros, sólo nos avalan nuestros méritos curriculares y profesionales. Y yo siempre siento que me falta algo por señalar…

¿Acaso lo personal no era político?

Desde mi punto de vista, la maternidad como experiencia de entrega y aprendizaje tiene un valor que merece ser hecho visible. Pero, más allá de este valor, tiene, sobre todo, unas consecuencias. En mi experiencia vital, la maternidad me ha brindado la oportunidad de madurar y mejorar mi carácter, rasgos ambos que me aportan una riqueza útil en el mundo profesional y en el político. Y, además de ello, la asunción de una maternidad consciente y en ciertos puntos sumamente crítica me ha permitido profundizar en la normalización del rol de género en mujeres y hombres y encarnar en mi día a día el discurso feminista sobre el trabajo de cuidados como eje central de la sostenibilidad de la vida y el funcionamiento social.

Ana Fernández de Vega

Manifestación del 8 de marzo. Madrid.

“Los cuidados” no son un trabajo que asumen las mujeres en abstracto; plantearlo de este modo me rechina y me parece vacío y opaco. Los trabajos de cuidados los asumimos todas, en general, en nuestras relaciones interpersonales (ya sea siendo madres, ya siendo hijas o siendo nietas, ya sea como trabajadoras del hogar o como cuidadoras informales… las experiencias son múltiples pero generalmente son femeninas). No podemos plantear esta realidad únicamente como una demanda de trasformación que apunte a la corresponsabilidad social. Sin duda esto es necesario y es el objetivo fundamental pero pierde su vinculación con la vida real si las mujeres no somos capaces de nombrarnos y situarnos en esa realidad. Y esto es solamente posible por medio del posicionamiento: por eso digo que yo soy madre.

Digo que, además de una profesional, soy madre, y no quiero obviarlo porque son dos partes inseparables de mi trayectoria vital. Y lo que quiero es un mercado laboral que no penalice por ser madre, y una de las formas que tengo de lograrlo en mi individualidad es no esconderlo, sino pelearlo.

Digo que, además de una feminista comprometida, soy madre, y quiero decirlo porque son dos rasgos hiper potentes de la identidad en la que me reconozco. Y lo que quiero es un feminismo plural y flexible que protagonicen las mujeres en su diversidad y se fundamente en las similitudes que tenemos los sujetos que no formamos parte de los núcleos de poder de la masculinidad dominante, núcleos en los que los cuidados hacia las demás personas no ocupan las posiciones prioritarias.

Ana Fernández de Vega

Parque Natural de Sanabria, Zamora. Agosto de 2015.

Y, por todo esto, hago público mi primer objetivo para el nuevo curso: subrayar que la maternidad es una experiencia que me enriquece profesional y políticamente.

Y que conste que es un grito en positivo que no está en absoluto edificado sobre la negación de otras posibilidades: el valor que yo le doy a la maternidad no resta valor a experiencias vitales no maternales. Me gustaría que esta idea quedara clara de principio a fin.

Los hombres que nos gustan

Cuando busco aparacamiento de noche siempre pongo cuidado en dejarlo en un lugar alumbrado, no solitario, y con una calle ancha al lado por si tengo la necesidad de salir corriendo. Cuando voy por la calle y algún hombre mi mira fijamente mostrando un asqueroso interés me siento incómoda, pero le miro fijamente yo también y le desafío. Cuando vuelvo a casa caminando sola siempre llevo una gran piedra entre los dedos. Cada vez que me visto apretada y sexi se me pasa por la cabeza la duda de si no estaré siendo demasiado provocativa.

La cultura de la violación es, resumidamente, la justificación o trivialización de las conductas sexuales agresivas contra las mujeres, siendo la violación su máximo exponente. La cultura de la violación se sotiene sobre la masculinidad dominante y sobre el entendimiento del cuerpo de las mujeres como una provocación. La cultura de la violación instala el miedo en las mujeres.

Pero la responsabilidad de la cultura de la violación no es de las mujeres.

Esta misma mañana he leído un post de El Demonio Blanco de la Tetera Verde sobre la cultura de la violación. Te recomiendo que lo leas, especialmente si eres hombre. De entre toda su extensión, hay una idea clave que es la que más me ha sugerido: todos los hombres forman parte de la cultura de la violación pero existen algunos que, en su hacer y en su forma de relacionarse con las demás personas (especialmente con las mujeres) ponen particular cuidado (muchas veces inconsciente) en no reproducirla. Estos son los hombres que nos gustan.

Ese hecho de que todos los hombres -sí, todos los hombres, incluso tú- forman parte de la cultura de la violación por el solo hecho de ser hombres resulta sin duda una de esas verdades hirientes. Quien escribe el post resume muy bien el proceso de asimilación de esta idea por parte de los hombres, las resistencias que genera y, lo que es más importante, la necesidad de no sentirlo como un ataque acometido contra ellos sino como una característica de las relaciones de poder y dominación entre la masculinidad y la feminidad en nuestra cultura social.

cultura de la violación

En todos estos avances discursivos que se están produciendo hacia la igualdad real entre mujeres y hombres existe un tema aún no tan en voga que es el de los procesos de creación de la subjetividad individual. Si bien es cierto que se están produciendo grandes avances y que se puede incluso distinguir un giro hacia la aceptación de los feminismos entre ciertos sectores sociales, todavía no se ha popularizado la discusión en torno a los complejos procesos de creación de identidad (masculina o femenina). El mantenimiento de la cultura de la violación se nutre de estos procesos. La revisión de la propia subjetividad masculina es clave para no fomentar la cultura de la violación.

Muchas veces esta revisión se manifiesta en un callar a tiempo o, al contrario, en levantar la voz de forma oportuna contra un compañero o un desconocido. Otras veces se expresa en nuestro lenguaje verbal, mudo pero definitivo. En otras ocasiones es una voluntad consciente y honesta por no querer parecer ni asimilarse a un machirulo fanfarrón. A veces sólo hay que estar alerta del comportamiento de los otros hombres cuando hay mujeres a nuestro alrededor. Existen muchas otras formas de llevar a cabo esta revisión; algunas las menciona Demonio Blanco en su post, otras seguro que se te ocurren a ti.

Los hombres que revisan su identidad masculina son los únicos que consiguen escapar de la cultura de la violación. Y se les nota. Y por eso nos gustan tanto.

Generación

Hoy es mi último día de trabajo en una de las empresas que han sido punteras en la incorporación transversal del principio de igualdad en la Adminsitración Pública; muchas la conoceréis: Likadi. Hoy es mi último día y quiero hacer balance.

Qué me llevo

Me llevo, sobre todo, amplios aprendizajes técnicos. Mi posicion profesional se ha reforzado y consolidado en el ámbito de la transversalidad de género. Me encuentro en un lugar cómodo desde el que contribuir a lograr que el enfoque de género se normalice en los procedimientos de las organizaciones. He ganado competencias para acompañar en el uso de las herramientas de género y transmitir los conocimientos necesarios para que sean empleadas de forma autónoma y cotidiana.

Qué me quedo

Me quedo, para siempre, un bofetón. Quizá fueron dos. Me quedo algún nudo en el estómago. Me quedo la enorme certeza de que no estuve equivocada tantas veces como se me quiso hacer creer. Me quedo un poquito más de acercamiento a mi misma: sabiendo que soy más bocazas de lo que quisiera, segura de que hay que aprender a callar a tiempo y convencida de que ser prudente no significa ser sumisa. Me quedo, también, unas insustituibles charlas con mis compañeras y mis jefas.

Cómo lo veo

Veo que Likadi ha sido grande. Veo que ha conseguido cosas que ninguna otra empresa ha conseguido ni peleado hasta ahora en este país. Veo que Likadi ha puesto los cimientos. Pero no puedo evitar ver también que es necesario renovarse, respirar al compás de los tiempos, abrise a las otras magníficas ideas y métodos que tienen las otras personas. Creo que el modelo de liderazgo debe ser cambiado. Creo que el liderazgo feminista no puede reproducir las formas que el liderazgo patriarcal. Creo que el feminismo debe empoderar, sobre todo, más que todo, y creo que cuando no lo hace es porque algo se está haciendo mal.

Hacia dónde ir

¡Siempre hacia adelante!

Despúes de unos días de crisis, pero gracias al soporte incondicional de mis imprescindibles, no respiro más que frescor en el camino que me queda. Quiero quedarme en este ámbito del feminismo: quiero construir Administración Pública con enfoque de género; quiero contribuir a hacer mejores políticas; quiero facilitar el tránsito de la teoría a la práctica. Quiero lavar la cara al feminismo técnico; puede parecer un aburrimiento pero es absolutamente necesario.

Una nueva etapa.

Qué suerte tengo.

El feminicidio y la responsabilidad de los hombres

Un post inspirado en la reflexión de Silvia L Gil. 

Facebook. Miércoles 17 de junio a las 23:15.

Cuenta Silvia L. Gil que “Cada día, México se levanta con varias noticias de este tipo. Niñas pequeñitas violadas y asesinadas, adolescentes desaparecidas, mujeres descuartizadas. Trato de no leer, de no esuchar. Ecología de las emociones y de la atención. Estrategia frente al miedo. Son dos mil muertas al año contabilizadas. Y de las que nadie sabe, ¿cuántas serán? Los niños reproducen lo que perciben a un nivel profundo. En esta caso jugaban a violar a la pequeña de siete años. ¿Qué hacemos con esto? Necesitamos más y más feminismo. Y más hombres que construyan feminismo. ¿Cómo puede ser que la mayoría –por no decir todos– de los amigos hombres nunca hablen de estas cosas, también los más activistas? ¿Cómo puede ser que cuando regresas de noche a casa ellos nunca manden mensajes para ver si llegaste bien cuando nosotras tenemos que estar pendientes unas de otras, nos cuidamos porque las redes son básicas para protegernos? ¿Cómo puede ser que crean que ya hacen suficiente porque teóricamente están en contra de la violencia cuando siguen sin cuestionar su modo de estar en el mundo cotidianamente? ¿Cómo puede ser que en un país en el que ellos lo ocupan absolutamente todo nunca consideren en sus análisis políticos la subalternidad de las mujeres? Si no cambiamos todo eso, los niños seguirán reproduciendo relaciones no solo explícitas, sino también sutiles y perversas de dominación”.

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… y aquí, mientras tanto, mientras esto ocurre, yo me quedo pensando sobre las preguntas que plantea, pensando cómo son los hombres que me rodean, cómo me gustaría que fueran y cómo hago yo para no permitir que todo esta mierda se reproduzca. Y entonces me acuerdo de algo que me pasó hace algunos meses, un encontronazo en un grupo de wasap:

Un medio amigo restando importancia a las agresiones sexuales.

Un servidora cada vez más cabreada.

Una petición de cese a las bromas, un ninguneo por su parte y hasta una acusación de censora. Mi indignación no podía ser mayor.

Y después mi corazón herido, mi enfado irreversible y mi marcha inmediata del grupo de wasap. Y sólo una amiga, de entre un amplio grupo de integrantes, se pronunció públicamente para vetar los comentarios chistosos sobre las agresiones sexuales.

Gracias, Silvia, por recordarme que hice bien en no callar. Que ese amigo se estaba equivocando, que frivolizando también se tolera y se normaliza la violencia contra las mujeres, la cual adopta formas horripilantes en tu país de acogida. Gracias por apelar a los hombres para que se obliguen a replantearse su modo de estar y ser en el mundo y por recordarles y recordarnos que solamente cuando lo hagan podrán decirse verdaderamente feministas. Gracias por conmoverme esta noche, por escribir un antídoto contra la anestesia que nos hace mirar hacia otro lado y omitir cualquier emoción indomable ante la dureza del dominio sobre las mujeres. Y, finalmente, gracias por llevar esta reflexión al terreno de la conciencia y del posicionamiento político porque, una vez más, si nos tocan a una nos tocan a todas. Y ojalá les tocara también a ellos.feminicidio 3

Manzanas (o “El por qué de la foto de portada”)

Dicen que en nuestra cultura antigua la manzana simbolizaba la eterna tentación del ser humano a no reconocerse como criatura creada por Dios. El hecho de no reconocernos como “criaturas de Dios” implica un gesto soberbio, dicen, porque supone afirmarnos en el gobierno de nosotr@s mism@s, en la voluntad de no someternos a leyes no escogidas, en la elección de nuestro propio camino de vida y en la distinción, desde nuestra conciencia finita, entre lo que está bien y lo que está mal.

Ana Fernández de Vega

Las manzanas del pecado… y yo que me lo creo.

Yo creo que existe un halo de divinidad en cada una de las personas que somos.

Pero es una divinidad puramente humana –si es que eso puede existir-, una divinidad que nos conecta con las demás personas y con el entorno y nos reconoce como lo que somos: seres que encarnan la eternidad de la vida pero que terminan, que entienden, que aman y que se necesitan mutuamente. Seres con cuerpo, seres sexuados.

La manzana simboliza el fruto prohibido para quienes quisieron someternos a otras voluntades. Y no es casual que la portadora del fruto fuera una mujer.

Desde que lo entendí, adoro las manzanas.

Supervivencia y avance desde Tenerife

A finales de mayo estuve en Tenerife impartiendo un curso sobre Perspectiva de género y políticas de igualdad en la Administración Pública. Los contenidos del curso los puedes obtener aquí.

20150527_132937Las y los participantes adoptaron de forma instantánea la idea del aprendizaje dialógico en el que baso mi metodología de trabajo y los debates fueron numerosos y muy fructíferos. Entre tod@s contribuimos a crear un clima de aprendizaje colectivo que nos ayudó a definir más concretamente las formas en las que se manifiesta la desigualdad entre mujeres y hombres en la vida social canaria y las oportunidades reales que se tienen desde la Administración Autonómica para avanzar en el camino hacia la igualdad real.

Una de las cuestiones más recurrentes que tratamos en las sesiones giró en torno a cómo actuar en el entorno profesional para aplicar el principio de igualdad y la perspectiva de género. Lo que yo les sugerí tiene que ver con una doble estrategia que podemos contemplar para actuar y que combina simultáneamente la supervivencia y el avance.

20150527_131427La supervivencia consiste en valorar el equilibrio entre los costes personales (saturación cabreo máximo, estrés, agotamiento e incluso daño emocional) y los beneficios que se van a obtener (convencer, hacer, desmontar, ensanchar) que aparecen en cualquier tipo de conflictos que surgen ante cuestiones relacionadas con la transformación social con perspectiva de género.

Sugiero que se adopte esta opción de supervivencia ante las fuertes resistencias que trabajadoras y trabajadores de la Administración pueden encontrarse en el contexto laboral ante la problemática de la desigualdad de género. Por ejemplo, cuando un compañero machirulo les enfrenta constantemente con argumentos malsonantes, o cuando su propio entorno (equipo de trabajo, superiores, procedimientos administrativos, falta de apoyos etc.) no hace sino dificultar sus intentos por poner en práctica acciones que tiendan a avanzar hacia la igualdad. Esta opción de comportamiento es necesaria porque lo que está en juego, además de la reproducción estructural de la desigualdad es, muchas veces, el propio ánimo y las propias fuerzas. Y en ocasiones no merece la pena nadar contra corriente.

No merece o no nos apetece. Necesitamos las fuerzas máximas y hay que saber cuándo no ganamos nada peleando.

20150527_134511La otra vía de acción posible es la de avanzar. Se avanza más cuando menos obstáculos nos encontramos. Es vital para que la transversalidad de género tenga éxito en las organizaciones que las personas comprometidas con la igualdad, las feministas, sepamos identificar cuándo es el mejor momento para la acción. Debemos estar alerta a los cambios coyunturales para colarnos con agilidad por la puerta semiabierta. Debemos practicar la escucha real y simbólica hacia quien tenemos delante para saber qué y con cuánta profundidad podemos plantear lo que queremos decir. El personal de la Administración Pública debe recordarse cotidianamente que trabaja para la ciudadanía y que finalmente en su mano queda conocer adecuadamente los procedimientos que se pueden transformar y las herramientas que se pueden usar para hacer las políticas más inclusivas y mejores.

Creo que el sentido del compromiso no está reñido con las implicaciones del autocuidado emocional. Creo que es importante saber cuándo es momento de coger las armas y cuando es momento de marcharse o de callar. Las dos opciones esta doble estrategia son útiles y se complementan.

Yo creo que desde el compromiso sabremos cuándo es el mejor momento para cada cosa.

De Tenerife me fui con el convencimiento de que existe un grupo de trabajadoras y trabajadores que saben cuándo armarse, cómo y por qué.

Gracias compañer@s. Hasta la próxima.