El control sobre el cuerpo de las mujeres: uniformes diferenciados.

Comentaba en otro lugar de este blog que el sistema de sexo/género materializa la desigualdad entre mujeres y hombres bajo diferentes apariencias.

A estas apariencias es a lo que yo llamo Dimensiones de la Desigualdad de Género, cuya principal razón metodológica es la de aterrizar las abstractas esferas de la desigualdad en un plano concreto y cotidiano, para poder así elaborar en torno a ellas Indicadores de Género precisos para cada caso particular de intervención.

En este post voy a centrarme en una de esas dimensiones: el control sobre el cuerpo de las mujeres.

Esta es una dimensión amplia que abarca muy diversos aspectos del control de la masculinidad dominante sobre las ideas de feminidad y las mujeres que las encarnan, girando en torno al cuerpo como un mismo eje de conexión.

Los ejemplos más destacables de esta dimensión de la desigualdad de género serían todos los que tienen que ver con la sexualidad y los derechos reproductivos de las mujeres (capacidad de decisión en la expresión de la sexualidad –con quién, cómo, dónde-,  aborto, esterilizaciones, violación, acoso sexual…) pero también con aquellos otros aspectos que giran en torno al cuerpo de las mujeres desde otras ópticas: trastornos de la alimentación, cánones de belleza, ejercicio de la maternidad, capacidad de decisión en la gestación, parto y puerperio, medicalización de los procesos corporales de las mujeres, etc.

Sin duda, sería interesantísimo centrarnos en todos estos puntos, pero hoy no me quiero detener en ellos, hoy quiero mostrar un ejemplo sencillo, incluso hilarante, en contraste con los aspectos que acabo de mencionar.

Se trata del uniforme. Del uniforme de trabajo que una empresa comercial destinaba a mujeres y hombres de forma diferenciada. [Casi] Todas y todos hemos pisado el suelo de esta empresa alguna vez porque… si no te gusta, te devuelven tu dinero… ¿adivinas de qué centro comercial se trata?

El verano pasado, la noticia de que los dependientes de El Corte Inglés también comenzarían a vestir de uniforme corrió como la pólvora. ¡Por fin dejaríamos de confundirlos con meros clientes en la sección de deportes o caballeros!

Este hecho puede parecernos baladí pero, quizá, si pensamos que las dependientas del Corte Inglés habían llevado siempre uniforme cabría cuestionarnos: ¿Por qué unas sí y otros no? ¿A qué se debía esta diferencia?

Reflexionando desde el punto de vista del género deberíamos ir incluso un poco más allá y preguntarnos: ¿qué consecuencias ha tenido este hecho sobre la actividad laboral de mujeres y hombres en esta compañía?, es más, ¿qué impacto social conllevan actuaciones de este tipo?

A mi modo de ver, en esta cuestión de los uniformes existe una dimensión de desigualdad de género claramente vinculada con el cuerpo: ¿qué si no el cuerpo es lo que subyace a una diferenciación por sexo en los uniformes de trabajo?

Si nos fijamos, en muchas otras empresas las mujeres visten con uniformes entallados mientras que los de los hombres tienen un diseño más holgado. En otras tantas, los de las mujeres son más escotados que los de los hombres o están hechos con tejidos de diferentes colores. En El Corte Inglés, directamente, decidieron ponerles uniformes solamente a ellas. Digo yo que pensarían que dada la mayor versatilidad de los atuendos femeninos sería mejor evitar el problema desde el principio y dar uniforme exclusivamente a las dependientas para que tuvieran una única opción en el vestir (y que no aparecieran algunas con la falda por los tobillos, otras por la rodilla y las más atrevidas a modo de cinturón).

Unos años después (2008) la compañía realizó el Plan de Igualdad en el que se sentenció que esa práctica diferencial era, cuando menos, injustificada desde el punto de vista de la igualdad de trato. Y todavía más años después (2012) la compañía decidió finalmente que ya era el momento de que los dependientes estrenaran sus nuevos uniformes.

Cuerpo, cuerpo, cuerpo.

Qué evidente estás detrás de cada mirada pero qué difícil es verte a veces.

En mi metodología, la dimensión de desigualdad de género referida al control sobre el cuerpo se refiere a la restricción de la capacidad de decisión de las mujeres sobre su propia corporeidad como encarnación de su identidad individual, afectando a sus funciones, uso y expresión.

En relación con el ejemplo que estamos viendo, algunos indicadores de género podrían plantearse del siguiente modo:

  • % de empresas en España con más de 250 personas en plantilla que diferencian por sexo en los uniformes corporativos.
  • % de empresas en España con más de 250 personas en plantilla que poseen uniformes corporativos sólo para uno de los dos sexos.
  • % de empresas en España con más de 250 personas en plantilla que no poseen uniformes corporativos para ninguno de los dos sexos.
  •  Etc.

Estas tres opciones son ejemplos que nos podrían ayudar a conocer más al detalle el estado de la igualdad de trato entre mujeres y hombres en el ámbito de las empresas en un contexto social dado. Algunos de los elementos incluidos en estos ejemplos (como el DÓNDE o el QUIÉN) serían modificables en función de los objetivos a alcanzar con la medición de los hechos o prácticas sociales.

En definitiva, esta dimensión de la desigualdad de género nos permite fijar la mirada en una cuestión clave del ancho campo de la desigualdad entre mujeres y hombres y la igualdad de trato que podría pasar inadvertida analizando la realidad de una forma no desgranada.

La dimensión del control del cuerpo de las mujeres nos permite recordar este eje de análisis en cada contexto de intervención, y centrarnos en él siempre que sea necesario para proyectar intervenciones equitativas que no perpetúen la desigualdad de género.