Categoría: Consultoría de Género

Acosada en el ascensor

Las situaciones de acoso sexual laboral son expresiones específicas de la violencia de género en ámbito del empleo. No son incidentes aislados, son actos discriminatorios que ponen de manifiesto la desequivalencia de género a nivel social. la prohibición del acoso sexual laboral está regulado en el marco normativo europeo y estatal. Lo primero que hay que hacer para evitar que se produzca es identificarlo.

A partir del relato de mi amiga C.S., expongo las principales claves para identificar el acoso sexual laboral.

 

Mi amiga C.S.

Ella me lo contó el otro día: uno de los jefes la había arrinconado en el ascensor.

Mi amiga C.S. terminó su jornada de trabajo y cogió el ascensor. Es un edificio alto y se encuentra casi en la última planta. Ahí coincidió con uno de los jefes de la empresa. No había nadie más. Educadamente se saludan: “Buenas tardes”, “Hola, buenas tardes”. Sonríen. Ella tiene una sonrisa ancha, bonita, luminosa. Él también sonríe. La sonrisa de ella denota ese agrado debido que les enseñan a las niñas bien desde muy pequeñas.

A él no le basta esa sonrisa: se acerca. Todavía quedan muchas plantas por bajar y hay tiempo para aproximarse. Él no es consciente pero el modo macho dominador se le ha encendido: emerge en él esa estúpida idea preconcebida de que la otra, la de la sonrisa, es una presa, un territorio a conquistar, un sujeto ahí plantado para agradarle. Porque él es el centro y el resto gira en torno a él.

Él no es consciente porque no necesita serlo. Sencillamente. Qué cómodo todo.

Él se acerca tanto que ella da un paso atrás. Está desconcertada. Él se ha movido muy rápido y ella no termina de entender lo que está pasando. Su sonrisa sigue medio figurada en la cara. Él se acerca más, se transforma su mirada, se cierra un poco el párpado. Dice algo pero ella no lo escucha, está pendiente de esa mano que sube y le toca el hombro, bajando por el brazo, y vuelve a subir y le acaricia la cara. Ella se tensa, agarra el bolso fuerte como si le fueran a robar la billetera.

Pero no, querida, no, no es la billetera, es tu dignidad, tu control, tu poder de decidir, lo que verdaderamente te están robando.

Ya el ascensor baja del todo. La puerta se abre. Él acomoda su postura, normal, relajado, cuerpo erguido: “Bueno, adiós, ya nos veremos”. Ella sale rápido, “Adiós, me tengo que ir”.

Durante todo el camino a casa, C.S. estuvo intentando comprender qué había sucedido. Después me llamó, y hablamos. Le dije que #YoTambién y le conté algunas cosas que, quizá, puedan ayudarle a comprender.

 

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Hay un tipo de acoso cuya naturaleza es específicamente sexual

El acoso sexual laboral es una conducta con implicaciones sexuales que persigue un beneficio de esta naturaleza.

Los comportamientos sexuales trascienden la genialidad y el coito. La sexualidad es mucho más grande, más amplia, y comporta todas las actividades humanas que implican intimidad física y que se realizan con un fin reproductivo, de entretenimiento, espiritual, romántico o afectivo. La conducta sexual puede manifestarse de forma física, verbal o no verbal por lo tanto, también el acoso sexual puede manifestarse de cualquiera de estas maneras (Artículo 7, Ley Orgánica de igualdad 3/2007).

La tipología de estos comportamientos es bastante amplia y algunas fuentes las clasifican en escalas de gravedad (Instituto Navarro para la Igualdad, 2010):

  • Acoso sexual leve. Hacer chistes o bromas sexuales ofensivas. Lanzar piropos. Informar sobre las propias habilidades sexuales. Pedir citas. Hacer comentarios sexuales groseros sobre el cuerpo o la apariencia física de otra persona. Difundir rumores sobre la vida sexual de una persona. Mirar de forma lasciva o realizar acercamientos no consentidos.
  • Acoso sexual grave. Realizar gestos obscenos. Preguntar o explicar fantasías, preferencias sexuales. Provocar el contacto físico “accidental” de los cuerpos o buscar deliberadamente quedarse a solas de forma innecesaria con la persona víctima de acoso. Arrinconar.
  • Acoso sexual muy grave. Demandar favores sexuales. Realizar insinuaciones directas. Ejecutar un contacto físico deliberado y no solicitado: pellizcar, tocar, masajear.

 

Las normas y códigos sexuales varían mucho entre unos contextos culturales y otros y en función de diferentes tipos de factores como la edad y el género. La sexualidad forma parte de la intimidad de las personas. El empleo no. El ámbito del empleo se sostiene a partir de relaciones contractuales y de intercambio que se desarrollan ajenas -en principio- a la sexualidad y a la intimidad.

Esta suposición es lo que permite distinguir entre comportamientos aceptados dentro del clima laboral y los que no lo le son propios: aquellos traspasan ese límite invisible pero palpable de la intimidad.

Una caricia puede ser una forma de comunicación sexual.

Creo que somos capaces de distinguir cuándo una caricia está fuera de contexto.

 

 El acoso sexual no es deseado por quien lo sufre

La forma más clara de distinguir un comportamiento amistoso, afectivo o sexual de una conducta de acoso sexual es el límite: las conductas de acoso sexual no son deseadas por quienes las sufren. No son conductas bienvenidas, no son consensuadas. El interés no es recíproco.

Las aproximaciones legales al acoso sexual varían según los marcos normativos. En la Unión Europea, se establece que es cada individuo el que determina qué comportamientos son o no aceptables u ofensivos siempre que objetivamente no constituyan una agresión sexual en sí misma. Para que dicha determinación quede clara, y siempre que se trate de comportamientos “interpretables” (un asalto sexual no es interpretable, por ejemplo, pero un “piropo” sí podría serlo), se exige que la persona que recibe dichos comportamientos exprese su rechazo.

Se apela entonces tanto a un “sentido común” compartido y contextualizado como a la necesidad de que las personas acosadas expresen su rechazo ante el comportamiento, teniendo en cuenta que el rechazo no sólo puede producirse de forma verbal -articulando un “NO”- sino también mediante el lenguaje no verbal o físico. Es importantísimo a este respecto dejar constancia del rechazo ante los organismos pertinentes dentro de la empresa (Jefaturas, Recursos Humanos, Representación Legal de Trabajadoras/es, Comité de Igualdad).

La necesidad de manifestar el rechazo puede plantear grandes inconvenientes para la víctima, teniendo en cuenta los efectos de las relaciones de poder y las situaciones de precariedad que viven las mujeres acosadas en muchos casos. Es difícil atestiguar que se ha producido una situación de acoso sexual cuando no hay testigos en un ascensor. Es difícil, sin duda, comunicar el rechazo hacia un comportamiento sexual de una persona que tiene más poder (material, simbólico) sobre una misma. Difícil, pero necesario.

Claro que, de por otro lado, bien podríamos poner el esfuerzo en educar a los #señoros a contextualizarse, a aprender a distinguir cuándo algo no es recíproco, a revisar su ansia de dominio sexual -caso de haberla- y a mantenerla bien controladita en caso de que no sea deseada por la persona a la que se dirige.

 

El acoso sexual es una forma de expresión de la violencia de género en el entorno laboral

El acoso sexual es una forma de discriminación en el entorno laboral. El marco normativo europeo y estatal introducen específicamente el concepto de acoso por razón de género y acoso sexual o como una forma de discriminación y violación del principio de igualdad.

Seguramente hay quien en este momento se pregunte si el acoso sexual es también una forma de discriminación hacia los hombres.

Mmmm.. bueno, el acoso sexual es una forma de discriminación y, en este sentido, es discriminatorio para cualquier persona que lo sufra, independientemente de su identidad de género. Ahora bien, en tanto que no existe una estructura comparable al patriarcado pero con las relaciones de género invertidas, y partiendo de la idea de que el acoso sexual es una forma de “representar” el dominio masculino en la esfera de lo laboral, el acoso sexual es una forma específica de violencia de género hacia las mujeres, porque la violencia de género sólo discurre en esta dirección.

En este enlace podéis consultar datos sobre situaciones de violencia de género y acoso sexual cometidos de hombres hacia mujeres. El 55% de las mujeres entrevistadas (más de 40.000 de todos los Estados miembros) ha sido víctima de acoso sexual.

 

Colofón

Mi querida C.S., después de hablar contigo, y todavía ahora después de escribir este post, no dejo de preguntarme si, en vez de agarrar nuestros bolsos en un ascensor o por la calle, no deberíamos aprender a agarrar otras cosas…

Estrujar, apretar fuerte. Doler.

 

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